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El otro día comentaba con un muy buen amigo la “locura” de las carreras de Keirin y sus peculiaridades, y ayer el gran Joan Seguidor (autor de uno de los blogs más importantes de ciclismo deportivo) publicaba una entrada (“Viaje a los hipódromos ciclistas del Japón“) bastante ilustrativa sobre la cantidad de dinero que mueve el Keirin y su filosofía, con testimonios de primera mano de José Antonio Escuredo (ex-velocista español).

El Keirin es una competición de 2 km en pista, adoptada como una disciplina olímpica más pero que en Japón tiene sus peculiaridades (muchas), como por ejemplo que se juega en un formato de liga y que sus corredores son mucho más agresivos que en el resto del mundo. Los mismos corredores que tienen que pasar por la escuela de Keirin para poder participar en las carreras, con una formación espartana en lo físico, en lo ético y en lo intelectual, que viven aislados de mujeres copletamente y de manera controlada de la familia durante su formación y los días antes de las carreras para que no haya interferencias en las apuestas, porque el negocio de las apuestas de Keirin es lo más parecido a las carreras de caballos ingleses.

De hecho, la historia del Keirin nace después de la Segunda Guerra Mundial, con la idea de colaborar en la reconstrucción de Japón, después de la devastación sufrida por las bombas atómicas, y hoy en día sigue aportando una gran cantidad de dinero al Producto Interior Bruto de Japón. Esa es la importancia del Keirin y de sus corredores.

Shane Perkins, el protagonista de esta historia/documental patrocinado por Onitsuka Tiger, es uno de los ciclistas de pista más importante del mundo, tiene campeonatos del mundo tanto en individual como por equipos, medalla de bronce en Londres 2012… Y desde 2009 tiene el honor de haber sido invitado en varias ocasiones a participar en carreras de Keirin. Que a un occidental le inviten a participar en estas carreras no se debe solamente a méritos deportivos, los japoneses escogen a los ciclistas invitados por ser además un ejemplo a seguir en su vida cotidiana. Y, tal y como explican en Ryokou, para un ciclista de pista, deporte que apenas mueve dinero en el resto del mundo, ser invitado a Keirin, además, supone una ocasión económica excepcional.

Bueno, no me enrollo más, a continuación os dejo el enlace al primer capítulo del documental, publicado a finales de Mayo de este año, y a partir del que podréis disfrutar del documental completo. Cada capítulo dura unos 5-6 minutos (en total algo menos de 30 minutos), está en inglés con acento australiano, lo que no lo hace precisamente fácil de seguir, pero la verdad es que si no lo has visto, no sabes qué es el Keirin, o has oído hablar de estas carreras y quieres conocerlas un poco más a fondo, es un documental excepcional.

RYOUKOU

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