Crónicas de un ciclista urbano: Miedo a las calles que cruzan

Ayer mismo, cuando volvía del carril bici de Castillo de Candanchú (seguimos a vueltas con el tema), me encuentro con un ciclista urbano (vestido de calle, transportín trasero…) subiendo por el lado izquierdo, el de bajada, vamos, en dirección contraria. E igual que cuando me cruzo con un corredor por el carril bici en dirección prohibida, y por la zona de seguridad reservada entre los coches aparcados y el carril bici, le “increpé” de buenas maneras, por supuesto.

Yo: “Perdona! Tienes enfrente un carril que es el de subida”

Ciclista anónimo: “Ya, pero es que es más peligroso”

Yo: (Sorprendido) “¿Por qué?”

C.A: “Este no tiene calles que crucen”

Yo: (Pensando que me iba a salir con el debate de la poca visibilidad al girar o que no era completamente segregado, la chapuza de los carriles bici en Las Tablas o vete a saber) “Hombre… Los coches no giran muy deprisa… Mira, te aseguro que no te van a atropellar, lo cojo todos los días y no he estado ni cerca de tener ni ver un problema”

C.A: “Lo siento, me da miedo”

y siguió su camino.

No entiendo, y lo digo con todo el respeto del mundo, que estés dispuesto a moverte en bici de manera habitual, y que te de miedo compartir la calzada con los coches. Vamos, más que no entenderlo, no lo comparto. Y no pretendo que todos y cada uno de los ciclistas sean comprometidos con el ciclismo urbano, pero si respetuosos con las normas que les gustaría que el resto de usuarios de la calzada cumpliesen. Y es que después, dándole vueltas, me imaginaba la peripecia de este ciclista para acceder al carril bici de subida en Castillo de Candanchú. Si viene de una de las calles perpendiculares, las que le dan miedo, se tiene que cruzar: Carril bici, zona de seguridad, zona de aparcamiento, dos carriles para coches, otra zona de aparcamiento y otra zona de seguridad. O, si viene desde el final de la calle, o viene por la calzada, hace media rotonda para frenar en seco y entrar esquivando los bolardos de seguridad y entrar en dirección prohibida. Aunque como es mucho suponer, entiendo que vendría por la acera y cruzaría por algún paso de cebra para después meterse en el carril bici.

¿Y cuando llegue arriba? Pues probablemente por la acera hasta el Anillo Verde Ciclista.

¿Es esto peligroso? Pues sin llegar a convertirme en un Talibán, ni pretendiendo ser agorero, creo que algún día pasará algo. Y repaso todos los peligros que un día se puede encontrar alguien juntos y que he visto en este carril bici.

Un día puede que baje con mi grupetta de ciclistas de carretera, con los que salgo a rodar el fin de semana, después de una ruta de más de 100 kilómetros, con el cuerpo extenuado por el esfuerzo, pero agradecido por el ejercicio, la camaredería y el buen rollo vivido durante la ruta. Deseando llegar a casa para estirar y degustar una merecida cerveza cuando, nada más girar para coger el carril bici de bajada nos topamos con dos patinadoras descansando, sentadas en el borde de la acera, con las piernas rectas a modo de barrera (esto me lo he encontrado un sábado). Apenas se las ve porque hay un coche mal aparcado justo en la esquina antes de la entrada desde la calzada. La primera se percata de que está estorbando y aparta las piernas a tiempo, la segunda, no. En dirección contraria sube un ciclista que a su vez esquiva a dos corredores, uno que va en la dirección correcta por el carril bici, con cascos, así que a pesar de los gritos no se percata, por la zona de seguridad otro, en dirección contraria. Más adelante una familia guarda el equipaje en su monovolumen. Dos niños pequeños que corretean jugando alegre y anárquicamente sin que la madre les avise de que por ese carril bajan bicis, dos coches más adelante, cuatro hombres de negocios charlan en la zona de seguridad, y un poco más adelante, antes del badén una moto zigzaguea para esquivarlo sin apenas reducir velocidad. Y detrás va un 4×4 a imitar a la moto, para “salvar” el badén solamente con dos ruedas (y es que si gastas solo un lado del amortiguador, mejor que los dos!)

Todo esto lleva a que los cinco amigos que bajamos con nuestras bicis de carretera a una velocidad de paseo, pero, digamos, más elevada que la de un ciclista normal acabamos coincidiendo con el ciclista que va en prohibida, dos corredores, uno de ellos no nos ve ni nos oye, el otro “suda” completamente de apartarse, unas barreras en forma de piernas con patines, niños jugando y adultos, con un todoterreno y una moto más adelante. Algo así como la teoría del Big Bang.

Supongo lo que estarás pensando, que soy un exagerado. Probablemente. Pero sigo pensando que algún día pasará algo, y algún oportunista dirá “¿Véis? este carril bici es peligroso y está mal diseñado”.

¿Alguien tiene una idea de cómo se puede solucionar esto?

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