Crónicas de un ciclista urbano: ¿Taxista Corleone?

Bueno, hoy aprovecho para contar una aventura de hace un tiempo y que ya expliqué por twitter. Me dirigía a mi lugar de trabajo, por la calle Serrano, cuando entre la Biblioteca Nacional y la Plaza de la Independencia un semáforo se pone en rojo y me detengo. Detrás de mi un Taxi, ocupado. A su derecha un carril bus, y a la izquierda otros dos carriles más. Yo, al no estar en un tramo con pendiente, tal como manda la ordenanza, me encuentro parado en el carril derecho, tranquilamente. Al ponerse el semáforo en verde, como mi bicicleta, de carretera, 30 años de “experiencia”, cuenta con un plato estándar de 52 dientes, y Serrano que es llano con un poco de pendiente favorable, suelo ir con el piñón pequeño, para “arrancar” las dos primeras pedaladas siempre cuestan, lo que me hace bandear un poco con el cuerpo para poner más fuerza en este movimiento.

Según avanzo los 3 primeros metros, pitada del taxista. Acto seguido me pasa, maldiciendo (no le oigo pero le veo la cara y cómo me mira), entre el carril derecho y el central. No pasa cerca, pero tampoco se cambia completamente de carril. Ni que decir tiene que en ese momento me cagué en su puta madre. Con perdón.

Pero el tráfico, y Madrid, son así de injustos, y es que la distancia que un motor te hace ganar, los semáforos y que tu cliente se pare un poco más adelante te lo quitan. Así que me encuentro con el taxista parado después de la Plaza de la Independencia, ya en Alfonso XII, dejando a su cliente. Paro a su lado, toquecito en la ventana y:

Yo: “Disculpe caballero, no sabe que la ordenanza municipal me obliga a ir por el carril derecho y que usted debe guardar una distancia de seguridad. Y que no entiendo por qué me pita para que me aparte y me adelanta insultándome”

Taxista Anónimo: “¿Ordenanza? Pero si ibas cruzándote de carril a carril”

Yo: “No, perdone, en tres metros, saliendo de un semáforo no me da tiempo a cruzarme de un carril a otro. Y el carril bus a su derecha estaba completamente libre”

T.A.: “Tira, anda, tira, no te vayas a buscar un problema por una tontería”

Yo: “¿Perdone? ¿Cómo..?”

T.A: “Y ponte casco no te vaya a pasar algo”

Yo: “Disculpe, pero yo me he dirigido a usted con el máximo respeto”

Estas últimas palabras se las dije a su coche, porque después de decirme que me pusiera el casco “por si acaso”, subió la ventanilla y se marchó. La señora que iba de pasajera en ese momento ya corría en dirección opuesta mirando atrás por si acaso se liaba. A saber qué barbaridades diría el taxista, y lo que pensaría la señora que podría hacer yo.

Es un hecho que para algunos taxistas no existimos. O más bien somos un incordio. Pero no me parece ni medio normal este tipo de situaciones que estoy seguro de que muchos de los ciclistas urbanos que cruzan las ciudades a diario se encuentran día si y día también.

¿Qué opináis? ¿Era eso una amenaza? Juro que en ningún momento insulté al taxista (bueno, si, cuando me pitó al adelantarme, pero dudo que me oyera).

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