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Hace algo más de un mes, tres compañeros de la grupeta con la que suelo salir los sábados se vieron implicados directamente en un accidente. Esta es una narración breve de los hechos:

Como cada sábado, nos juntamos en Fuencarral a una hora temprana para disfrutar de unos kilómetros sobre nuestras bicicletas de carretera. Siempre decidimos la ruta en los primeros kilómetros aunque muchas veces acabamos improvisando. Ese sábado no queríamos pegarnos una paliza (por paliza entendiendo el subir algún puerto) y decidimos ir, primero hacia Soto.

Como siempre llegamos a Soto, el viento sopla desde el Norte y el Este, así que decidimos continuar dirección Manzanares, con el viento a favor. Llegando a Manzanares la idea es, ya que estamos, subir La Pedriza y terminar por dar la vuelta al Embalse, pasando por Cerceda y vuelta a Colmenar y Madrid. Cada cual en el pelotón hace la subida a La Pedriza a su ritmo, igual que la bajada para finalmente reagruparnos dirección Cerceda.

Entonces, en un instante, mientras estoy yo a la cabeza del grupo, una rama a la altura de la cabeza que señalo, oigo (y noto) como si mi rueda trasera se quedara enganchada con algo, aprieto un poco más fuerte que la marcha que llevábamos (unos 33 km/h) y oigo un fuerte golpe a mi espalda. Me giro justo a tiempo para ver a mis compañeros rodando por el suelo y, por suerte, algún otro esquivando el golpe por los pelos.

A partir de ahí, otros ciclistas parados para intentar ayudar, llamadas al 112, y toda la mañana preocupados por los dos compañeros heridos y con el susto metido en el cuerpo.

He esperado un mes para escribir esto para poder ver todo en perspectiva, e intentar transmitir lo aprendido en frío. Entonces, estas son algunas reflexiones:

Causas del accidente

El accidente se produjo por el típico afilador. ¿Qué es un afilador? Todo aficionado al ciclismo de carretera lo conoce bien… Aunque no todos lo hayan sufrido. El afilador consiste en el roce de la rueda delantera de un ciclista con la rueda trasera del ciclista que le precede en el pelotón. Habitualmente, en estos casos, el ciclista que hace el afilador (el que circula detrás) es el que tiene todas las de perder ya que el hecho se produce directamente en la rueda que guía la marcha del ciclista. Además, circulando en pelotón a una velocidad superior a los 30 km/h, la capacidad de reacción para los ciclistas que circulan inmediatamente detrás es bastante reducida.

¿Se pudo evitar?

Bueno, estas cosas pasan. Después de comentar con otros amigos ciclistas más experimentados que yo el accidente el comentario general fue: “Estas cosas pasan. Cuestión de mala suerte”. Incluso, buscando en internet (hoy en día es casi lo primero que hacemos) pude documentarme acerca del afilador con experiencias de otros ciclistas. Así descubrí que hay quien lo hace en plan broma con la MTB, donde, supuestamente, no es tan peligroso como con una bicicleta de carretera. También que hay quien culpa al que circula delante de haber sufrido una caída por hacer el afilador. Así pues hay una serie de factores que creo pueden ser claves:

  • Sentido común
    Empiezo por lo más evidente. El sentido común dice que debemos respetar una cierta distancia de “seguridad” y no entrar en la rueda de quien circula delante. Si pedaleamos con ansia, “picados” o confiados en nuestra habilidad y no utilizamos el sentido común, estamos “comprando papeletas” para sufrir y/o provocar un accidente.
  • Básico: No superponer ruedas
    No hay que superponer nuestra rueda delantera con la trasera de nuestro compañero. Si queremos ir más rápido, le pasamos, si queremos decirle algo nos ponemos en paralelo, pero nunca el extremo de una rueda con otra.
  • El que va delante
    Si vas tirando del grupo tienes que ser predecible en tus maniobras y, además, señalizar todos los imprevistos que puede encontrar el pelotón en ruta ya que quien te sigue apenas ve tu maillot y tu bici. Si hay un bache, tierra, una piedra, ramas que sobresalen, otro ciclista que se adelanta…
  • El que va detrás
    Apelo de nuevo al sentido común y a esa norma básica de no superponer ruedas. Siempre hay que tener en cuenta que el que va delante no sabe qué ocurre detrás. Y si no te gusta como va, con decisión, se sube un poco el ritmo y pasas delante. O con paciencia tomas más distancia.
  • Otros factores
    Como por ejemplo, el viento, y por eso lo he nombrado en la narración de los hechos. Todos nos congratulamos cuando decidimos seguir dirección Cerceda por dos motivos: El primero es porque el terreno es llano y el segundo es porque íbamos a empezar a tener viento a favor. El viento a favor siempre es muy agradecido pero en grupos como el que formamos ese sábado (5 ciclistas) resulta que toda la ventaja del viento la reciben los que van detrás en vez de el que va delante. No tienen resistencia delante y resulta que el viento trasero les empuja más que al que les precede. Vamos, que hay que prestar atención, y mucha, para no ir “comiéndonos” a nuestro compañero. Subir piñones o bajar  un poco la cadencia puede ser una buena idea. Aunque nos de la impresión de que no estamos ejercitándonos.

Cómo reaccionar

Evidentemente lo primero que hicimos fue llamar al 112, intentar tranquilizar a los accidentados, principalmente al más afectado y alguno incluso hacía señas a los coches para que redujeran la velocidad. Pero todo cambió cuando un compañero ciclista (del que no recuerdo el nombre), y además bombero, tomó las riendas de la situación. Desde mi humilde experiencia me pude fijar en:

  • Para que el tráfico reduzca la velocidad no hay que ponerse a apenas 10 metros del accidente, hay que alejarse al menos 100 metros. Y si hay una curva justo antes, mejor ponerse a la altura de la curva, para que los conductores tengan tiempo a reaccionar
  • Los heridos (al menos si intuimos que hay alguna fractura) en posición de defensa (es decir, de lado), resguardados del sol y con la cabeza apoyada (el mismo casco puede ser útil.
  • Comprobamos la consciencia del herido: ¿Cómo te llamas? ¿Sabes qué día es hoy? ¿Dónde vives?… Ese tipo de preguntas para cerciorarnos que un golpe en la cabeza no le ha desorientado.
  • Cuando llamemos al 112, vale que esta persona se identificó como bombero, pero cuanta más información podamos facilitar mejor. Incluso podemos volver a llamar después del primer aviso y pedir que nos pongan con la ambulancia que acude al rescate para facilitar la información que hayamos podido obtener (si el herido no recuerda su nombre o donde está, por ejemplo) Así los médicos, que tienen que tomar decisiones en un breve espacio de tiempo, ganan unos segundos que pueden ser muy valiosos. También nos puede servir para pedirles que nos informen de su situación y estimación de hora de llegada. Algo que tranquiliza mucho a los heridos.
  • Una vez han llegado los médicos, podemos ofrecernos a ayudar, pero siempre a sus órdenes y si nos echan, nos vamos.

Consecuencias

Bueno, aquí cada accidente es un mundo, por eso no se puede sacar ninguna conclusión, pero prefiero comentarlas para demostrar que todo es importante.

  • El primer compañero herido (el que hizo el afilador con mi rueda) sufrió fractura abierta del dedo meñique de la mano izquierda además de diferentes golpes y raspones. Su bicicleta daños estéticos en las manetas, sillín dañado en el acolchado y pantalla de pulsómetro rajada.
  • El segundo ciclista fractura de mandíbula, codo y hombro, ninguna abierta. Su bicicleta apenas sufrió daños. Vamos, que todo el golpe lo absorbió su cuerpo. En el momento del accidente, no parecía tan grave, y es que la fractura abierta era mucho más aparatosa y dolorosa. De ahí la importancia de hablar con todos los implicados
  • El tercer ciclista, apenas unos rasguños en pierna y codo.

Moraleja

Seguridad, sentido común y rodar con todos los sentidos puestos en la ruta. Dejemos que nuestra experiencia determine qué sabemos hacer y/o qué podemos hacer. Nunca nuestras ganas de superar a otro. En este caso no fue eso. Mi compañero se despistó un instante y cuando se quiso dar cuenta estaba rozando con mi rueda, cuando creyó haber controlado la situación volvió a rozar la rueda (este efecto imán es un clásico también) y ahí fue cuando no consiguió controlar la bicicleta.

Como dice todo el mundo: “Estas cosas pasan” Así que lo mejor que podemos hacer es prestar atención y saber reaccionar. Espero que esta experiencia sirva a alguien.

PD.- Un abrazo a los compañeros, su recuperación aunque lenta va por buen camino.

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