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En estos días se cumple un año de la implantación del servicio de bicicleta pública BiciMAD en Madrid. A raíz de la publicación el pasado 30 de junio de un tuit por parte del blog enbicipormadrid.es en el que se afirmaba, y reproduzco, textualmente: “Lo avisamos a diario, pero no nos creéis: @biciMad NO es para ir a trabajar. No siempre hay bicis disponibles y no todas funcionan al 100%”, entablamos un interesante debate acerca del sentido y función del mencionado servicio madrileño que me gustaría continuar en el siguiente artículo.

¿Cuál es la función de BiciMAD?

En tuits posteriores, que sirvieron para matizar las posturas, se establecieron una serie de postulados entre @enbicipormadrid, @tasmanpkr y @deteibols , abajo firmante, acerca del sentido que tiene y debe tener BiciMAD en el desarrollo del ciclismo urbano madrileño y, por extensión en la movilidad de la Ciudad de Madrid. Los tuits dejaron bien claras nuestras posturas. La mía, escasamente influyente en el mundillo ciclista y, la de enbicipormadrid, ganada a pulso día a día, muy influyente entre los ciclistas urbanos. Sus afirmaciones e informaciones, acertadísimas en la inmensa mayoría de los asuntos sientan cátedra entre los ciclistas de “nueva hornada”. Los respeto e incluso colaboro con ellos. Pero, en este caso, se equivocan. Sus noes, taxativos y en mayúscula, son demasiado excluyentes y, en mi modesta opinión, negativos para la evolución del ciclismo urbano.

Si no he olvidado lo poco que aprendí en la facultad de Ciencias de la Información de Madrid, enbicipormadrid.es sostiene que BiciMAD: NO sirve para ir a trabajar por su escasa funcionalidad y fiabilidad, que “vale para uso ocasional” y que es algo así como un excipiente (la palabra es mía pero el sentido es más o menos ese) para que los “usuarios frustrados por el servicio se pasen a su bici”. Con estos postulados, les dije, se estaban cargando la posibilidades  de medio de transporte y la intermodalidad de este servicio público de bicicletas que, una vez más, quedaba reducido al ocio y, por extensión, condenado a simple atractivo turístico. ¿Era, en su opinión, la función de BiciMAD nacer para dejar de existir? En la mía, NO.

Respeto

Hace más o menos un año asistí como periodista con alma de ciclista urbano a la presentación de BiciMAD por parte de Ana Botella. La alcaldesa, poco sospechosa de adorar las bicicletas, empezó su alocución de la manera más inesperada posible: Pidió, lo tengo grabado, “respeto para los ciclistas”. Así titulé mi crónica con Alberto F. en Las Tablas Digital.http://www.lastablasdigital.com/2014/04/ana-botella-pide-respeto-para-los.html Fui el único. El resto de la prensa acreditada y los corrillos no hicieron otra cosa que resaltar el número de bicicletas y estaciones que se detallaban en la protocolaria “nota de prensa”. Es lo que tiene la uniformidad, que todos parecemos iguales cuando no lo somos.

Sin embargo, las palabras de Botella suponían una revolución sin parangón. Después de sobrevivir a la Edad del Manzano y su recalcitrante hostilidad frente al ciclista urbano, después de padecer la continuada segregación en anillos y aceras-bici de Gallardón, venía, tal que así, Botella y pedía, a los señores conductores, que nos respetaran. Y no sólo eso. Pintó en la mismísima calzada -otro hito- el  pictograma de una bici y un número, el 30. ¡Y en las principales calles, no en la Casa de Campo! Por primera vez, la bicicleta robaba/recuperaba terreno al coche de manera oficial. Gracias a BiciMAD de mis amores.

Efectos directos y colaterales

Podría parecer por lo que he escrito hasta ahora que bebo los vientos por el PP y/o por Botella. NO. El que me conoce sabe que tuiteo en otras direcciones, pero eso no me obliga a tener, como decía Batiatto, un “centro de gravedad permanente”. Sin embargo, a nadie se le escapa que detrás de todo este asunto hay un componente político,- ahora todo es Política -, que pone gafas de culo de vaso a más de uno. Para mí, lo importante, es el ciclismo urbano y, todo lo demás, deliciosos efectos colaterales. La boina y “mi” Madrid lo merecen.

Uno de los grandes méritos de BiciMAD ha sido poner a muchos ciclistas en la calzada (desgraciadamente, también en las aceras), lo que ha supuesto una PRESENCIA que antes defendíamos, a base de horas extras, unos cuantos gatos (Saludos a @peraltez) La presencia es visibilidad y deriva en la subsiguiente seguridad e integración del ciclista. Otro, ha sido CONCIENCIAR a los demás usuarios de que los ciclistas forman parte de la jungla del asfalto y que pueden competir con el absolutismo del coche. Gracias a BiciMAD, ya estamos dentro, y por el medio, de la calzada. El tercero, importantísimo, DERRIBAR EL MURO de las cuestas y de los sudores que erigió, paleta en mano, Álvarez de Manzano. Ese alcalde…

Pero, además, cometeríamos un error mayúsculo si no apreciáramos las posibilidades que como MEDIO DE TRANSPORTE, como opción a la movilidad urbana y como complemento de transporte público, tiene la bicicleta per se y que BiciMAD, tan servicio público como el bus o el metro, está obligada, también, a desempeñar. Ni todos los potenciales ciclistas tienen, ni quieren, una bicicleta, ni todos los trayectos al trabajo se pueden realizar sólo con bici (Intermodalidad) (Y ahí está el caso de Las Tablas/BBVA/Telefónica que explicaré en su debido momento) Este reduccionismo nace del error de imaginar que todos los ciclistas urbanos son tan expertos como los que escribimos acerca de la cosa. Así, sólo “vendemos pescado a los esquimales” (gracias @MadridenBici ) y así, no salimos nunca del iglú (ésta, es mía).  Por tanto, cerrar esta puerta, en base a un mal funcionamiento de un incipiente servicio del que esperamos milagros, es un inmenso error. Hay que seguir exigiendo para que esta función sea factible a medio plazo, pero no levantar muros.

Sin título

Evolución

En las pasadas Jornadas “Ciudades en bicicleta” (9 y 10 de marzo 2015. Centro Conde Duque, Madrid) tuvimos la oportunidad de conocer en profundidad los servicios de bici pública de Madrid, Paris (Velib´), Sevilla (Sevici), Zaragoza (bizi Zaragoza) y Barcelona (Bicing). En conversaciones con el director de los Serveis de Mobilitat del Ajuntament de Barcelona, Adriá Gomila, entendimos la importancia de mantenerse observantes, pendientes de la evolución de este tipo de servicios e ir tomando decisiones en función de la respuesta ciudadana. Ni hay un camino trazado, ni las soluciones de movilidad de una ciudad, en contínua evolución, sirven para otra. Dicho en otras palabras: Los directores renegaban en los pasillos de las líneas maestras seguidas por las otras ciudades. Y, hasta aquí, puedo escribir.

Por tanto: Exigencia, vigilancia y observancia. Y muy pocos, ningún, NO.

por @deteibols

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