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Conviene recordar que las primeras demandas para introducir la bicicleta como medio de transporte en el entramado urbano de la ciudad de Madrid partieron del movimiento ecologista. Asociaciones como AEPDEN-Amigos de la Tierra o Pedalibre, y personajes como Alfonso Sanz, Mario Gaviria, Angel Yagüe, Paco Cantó, Juantxo López de Uralde o Juan Merallo, por citar a unos cuantos de aquellos pioneros, ya practicaban la “desobediencia bícica”(1) desde finales de los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado. Y ya desde entonces los alcaldes de la comarca cogieron la jodida manía de ningunearles o de pagarles con carriles-bici segregaditos de la calzada. Para no importunar al coche ni modificar el status quo, preciso.

mario gaviria labarta. Ref.Berriak 1976
Mario Gaviria Labarta. Ref. Berriak.1976

El velódromo, en general, no mola.

Al albor de la participación ciudadana, los madrileños, libres por fin, tomaron las calles y parques a borbotones y se pusieron a realizar actividades tales como manifestarse, reunirse, correr, follar…e incluso, montar en esa bicicleta que tenían tan oxidada. La primera “fiesta de la bicicleta” data de 1978, siendo alcalde por UCD el notario José Luis Álvarez. Nada que ver, no nos volvamos locos, con una movilización reivindicativa ciclista per se. Aquella “fiesta” fue, y sigue siendo, utilizada y manejada por las autoridades como la estrategia más perversa contra la integración de la bici en el tráfico urbano. ¿Motivos?: Sólo se celebra una vez al año, en domingo, y siempre con el tráfico cortado. Pan para los pollos. Reinas por un día. Nunca tragué ni tragaré. Por suerte, hay muchas marchas y “fiestas” alternativas.

Ante la insistencia de aquellos utópicos y suficientemente preparados “verdes” con sus locos cacharros que pretendían instalar sus propios aparcabicis en Campomanes, 13., Tierno Galván (1979-1986), el viejo profesor, secundado por el “comunista” Ramón Tamames, hizo un amago de revolución ciclista que le duró lo que un bocadillo a la puerta de un colegio. (Se decía entonces y se ha vuelto a poner, tristemente, de moda). A principios de 1980 estos “rojillos” ya entendieron que contra el coche, sin ideas y sin presupuesto no se podía luchar, y claro, sus principios claudicaron. El 25 de mayo inauguraron un engendro, “como inicio al programa de circuitos y carriles de bicicletas”, que denominaron “Velódromo popular Príncipe de Vergara” (en la agonizante c/General Mola) que permitía la circulación de bicis, y cito textualmente “todos los domingos y festivos, y desde las 9 de la mañana a las 3 de la tarde”. ¡Ni Valle-Inclán hubiera logrado una integración más esperpéntica en la calzada! “¿Ha pensado en el dulce placer de montar en bici sin ir a ninguna parte?”, ironizaban de manera clarividente desde la revista El Ecologista (“Pedalea dentro de un orden”. 1980 nº7)

velodromo popular

Luego llegarían, sacados con fórceps y sobre la acera, los inútiles carriles a la Ciudad Universitaria y aquel invento anti-ecológico que daba vueltas por El Retiro hasta Moncloa y que también paralizó Bellas Artes. Y “lo” de la Casa de Campo, que simboliza la otra gran estrategia de “los malos”: Llevarnos a pedalear a los parques, que molestamos menos todavía y encima respiramos ese aire tan puro que tanto nos gusta. Otro “coloradillo”, Francisco Vera, inauguró a bombo y platillo un céntrico carril-bici en Majadahonda (1982), cuando esta localidad no era, ideológicamente hablando, lo que es ahora, y cuando fue, natural, lo fueron triturando.”Era un continuo foco de problemas y accidentes”, declaraba el muy popular alcalde Romero de Tejada (ABC. 16.9.90) a modo de epitafio. ¿Café? Dos tazas.

Los carriles a ninguna parte

A partir de aquellas fechas se inició una negra, negrísima, etapa que podríamos denominar “La edad de los carriles-bici que no llevan a ninguna parte” y que dura más de treinta años. In illo tempore comenzó a forjarse el capcioso concepto de “carril-bici” como si la construcción de este tipo de infraestructura representara la evolución o integración ciclista, cuando, en realidad, perseguía todo lo contrario. Todas las oposiciones, asociaciones de vecinos y de ciclistas pedían a gritos “un carril-bici” protector que no era más que uno, dos o diez kilómetros de calle cortada sin conexión alguna. He de reconocer que los “amigos del coche” se lo montaron de puta madre con el asunto del miedo porque los “amigos de la bici” tragaron -y tragan- como posesos. Bajo la premisa de que era peligroso para los ciclistas circular junto a los coches en la ciudad, que no estaba hecha para bicis, ni siquiera en verano, acudieron en gentil ayuda y nos protegieron para ir, con una cierta seguridad, a ninguna parte o a Colmenar. Aquí, con unos cuantos muertos sobre el asfalto. Desde entonces, cientos y cientos de kilómetros de tortuosas e irracionales aceras-bici nos enfrentaron a los peatones, que siempre habían sido nuestros “hermanos de calle”. Divide y vencerás. Y acertaron tanto, los mamones, que seguimos sin ir a ninguna parte a pesar de los tuits envenenados que nos tiramos a diario.

Para dar a cada uno lo que le corresponde, habría que decir que esa ominosa “edad” coincidió en tiempo y forma con la denominada Edad del Manzano (José María Álvarez del,) que durante sus tres mandatos (1991-2003) fomentó el odio visceral de los conductores y taxistas hacia los ciclistas además de poner lastres tan pesados en el imaginario popular (las cuestas y los sudores) que Madrid ha tenido que soportar hasta la llegada de BiciMAD. He intentado hablar en un par de ocasiones con él acerca de este asunto, pero ni me contesta o contesta a micrófonos “amigos” en dónde lava su imagen para la posteridad de la Villa y Corte. Yo creo que forjó esta animadversión ciclista mientras estaba en la oposición a Tierno, desde el 79, cuando se dio cuenta de que aquello de las bicis, los verdes y los rojillos ponían en peligro los túneles que proyectaba. O algún trauma infantil, quizás. Sigo esperando.

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En el Anillo, pidiendo permiso a los coches. @deteibols

El Anillo Verde Ciclista

Sea como fuere, en el mes de julio de 2001 se descuelga este Manzano con que va a construir un Anillo Verde Ciclista, un circuito perimetral “para bicicletas y peatones”, o sea, una senda ciclable. Una senda ciclable es, para los colegas que no hayan caído todavía en la cuenta, una estructura viaria con nombre “ciclista” en la que tiene prioridad el peatón, si, y en la que tienes que pulsar un botón, esto es, pedir permiso, para que te dejen pasar los coches o, por el contrario, saltarte docenas de semáforos delante de unos conductores que dicen: “Je, luego quieren que les respetemos”, o peor. Además, te saca del centro de la ciudad, o sea, que circunvagamos, como la M-40. Y casi todas las vías ciclistas que lo conectan o atraviesan son aceras-bici o pasan por los parques y dan más y más vueltas. La calzada, ni tocarla ¡Por Dios!

Para los que piensen que, así porque así, este alcalde había visto la luz divina al final de su trayectoria municipal, aclaramos. Este proyecto, en el que daba la cara la concejala de obras Elena Utrilla, y que fue terminado por el sucesor Gallardón, ese tahúr, en 2007, fue una de las pocas cosas que pudo poner sobre la mesa el sevillano para sostener la candidatura olímpica del 2012 frente a la de su patria chica, que ya tenía el estadio de La Cartuja. Dicho de otra manera, Manzano proyectó el Anillo “a la trágala”, y por eso el señor de los anillos le castigó sin Juegos. ¡Ea!

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Carril bici integrado en la calzada. Las Tablas. captura foto/video @deteibols.

La Botella medio llena

Y llegamos al año 2014 con miles de kilómetros recorridos por las calzadas de esta ciudad. Y sale Ana Botella, y pone unos “ciclocarriles-30” en la calzada. Y pone en Las Tablas y en Montecarmelo unos novedosos carriles bici en la calzada que, de tan bonitos que son, la gente no los usa porque no es capaz de quitarse ese puñetero miedo que les inocularon cuando empezaron a montar en bici y que, desgraciadamente, siguen transmitiendo a sus queridos hijos. Piensan ya tanto en coche que no son capaces de entender que, aunque es la calzada, es carril para bicis. Lo seguiremos intentando.

Esta es, en pocas líneas y con algunos olvidos, la ominosa historia de los carriles bici de Madrid. Para que sepamos de dónde venimos y hacia nunca debemos volver si queremos tener una ciudad más verde y sostenible, que no era otra cosa que lo que querían aquellos maravillosos “verdes” de los setenta que siguen, vivitos y coleando, luchando por la bicicleta.

Juanxto López de Uralde, de EQUO.
Juantxo López de Uralde, de EQUO,en la actualidad.

Y dejo Madrid-Río para otro día porque no quiero que se me rompa la cadena.

por@deteibols.

(1)    Esta definición aparece en un artículo magistral de Mario Gaviria, “El erotismo de montar en bicicleta en las ciudades”, publicado en el primer número de la revista El Ecologista (nov. 1979), en el que se describe muy acertadamente el eufórico ambiente en que se vivían estas propuestas.

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