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Las anécdotas que nos encontramos en nuestra ruta diaria al trabajo no siempre son con conductores. Y no siempre son inesperadas. En esta ocasión la historia comienza con un “compañero” ciclista, en una bicicleta de BiciMAD, con el que coincido en Colón en un semáforo. Se para a mi lado. Nada raro.

No soy muy dado a saludar desde que el 90% de la gente a la que saludaba no devolvían el saludo… Y desde que leí un post, no recuerdo donde, en el que decía algo así como “no soy tu amigo por el hecho de que los dos vayamos en bici”. Aunque yo soy de los que creen en las normas de etiqueta ciclista, si la gente te mira raro, pues acabas pasando de dicha etiqueta.

Entonces, iniciamos la marcha “juntos”. Su asistencia al pedaleo le da ventaja en la salida en el semáforo, pero el ir con ruedas finas y la limitación de la bici eléctrica y su peso me dan a mi más “ventaja” cuando se trata de pedalear durante un rato sin encontrar ninguna luz roja. Yo no iba pensando en “competir” ni nada parecido, pero el caso es que en el siguiente semáforo (justo después de Colón) yo paso en verde, y el compañero llega en rojo y (creo) se detiene. Sigo con la buena racha hasta justo el semáforo que hay en Emilio Castelar, subiendo la Castellana. Donde yo me detengo y aparece este chico y se salta el semáforo. Siguiente semáforo (cruce de María de Molina) donde casi todo el tráfico realiza el giro a la derecha para o bien coger el túnel a la M-30 / A2 o bien para incorporarse a María de Molina, y yo suelo moverme al carril izquierdo para evitar los coches que se quedan parados en dicho giro. Mi acompañante sigue por la izquierda y vuelvo a cogerle cierta ventaja. Pero el siguiente semáforo está en rojo. Me paro y se lo vuelve a saltar, se pone en verde y esta vez, pienso “me voy a quedar detrás, no vaya a ser que vaya picado conmigo y eso esté provocando que se salte los semáforos”. Siguiente semáforo… También en rojo, también se lo salta. Entonces decido que le voy a llamar la atención.

Cuando llegamos al semáforo que hay justo antes de Bernabéu, yo me mantenía detrás, y efectivamente se lo salta. Le pito, veo que se gira medio sonriendo. Vuelvo a pitar. Le alcanzo y la conversación transcurre más o menos como sigue:

Yo: “¡Perdona! ¿Sabes que no te puedes saltar semáforos en rojo?”

Ciclista anónimo: – Se encoge de hombros –

Yo: “Es que llevas ya tres semáforos seguidos sin parar en ninguno… Y al final a los que vamos todos los días en bici nos das mala imagen.”

Ciclista anónimo: “Qué quieres que te diga…” Encogiéndose de hombros otra vez.

Yo: “Mira… Si no quieres parar, adapta la velocidad, adelántate en el semáforo, sal un poco antes de que se ponga en verde para coger distancia… Pero intenta no saltarte los semáforos, por favor”

Ciclista anónimo: “Gracias por el consejo” y gira a la derecha pasado el Bernabéu donde le pierdo de vista.

No suelo llamar la atención en estas ocasiones… Cada uno es responsable de lo que hace, no me considero un talibán de la bici y yo también hay algún semáforo que no respeto. Pero quise aprovechar la ocasión porque vi que se trataba de un usuario de BiciMAD, potencial usuario de una bicicleta propia, y porque son estos usuarios los que, al estar menos acostumbrados a circular por Madrid, más tienen que “aprender” de cómo moverse para no perjudicarse a ellos ni al colectivo.

** Edito: Ayer noche, después de escribir esto pero antes de publicarlo, me encontré con otro usuario de BiciMAD un tanto irresponsable. Acudí a buscar a mi madre a la estación de tren de Atocha y volviendo por Castellana (en coche), me encontré con un ciclista que circulaba sin ningún tipo de reflectante, sin encender las luces que las BiciMAD traen de serie y sin la asistencia al pedaleo activada… Por la calzada central de Castellana y ocupando igualmente el carril de la derecha como el carril central. No quiero pensar que se trata de uno de esos usuarios que cogen la bici con alguna copa demás, porque tampoco parecía. Y me sentí muy tentado a explicarle que:

  1. Podía encender las luces
  2. Podía activar la asistencia eléctrica
  3. Iría más seguro circulando por la calzada lateral

Pero no me atreví porque como iba tan despacio y de una manera ciertamente errática, pensé que podía ponernos en peligro a ambos.

Y aquí la duda: ¿Debemos “enseñar” a estos nuevos usuarios de las bicicletas del servicio público? ¿O debemos dejar que aprendan por su cuenta para no “intimidarles” a la hora de coger la bicicleta como medio de transporte?

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