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Circula un vídeo (*) en el que cientos de adolescentes acuden a clase en bici y aparcan en un patio habilitado con aparcabicis. Sólo se muestra la parte final del trayecto, pero da la sensación de que para grabar esta pintoresca escena han tenido que pasar muchas cosas fuera y dentro de ese centro educativo neerlandés durante muchos años. Ahora que comienza el curso, analizamos las posibilidades reales que tienen nuestros hijos de participar de esta experiencia de movilidad sostenible educativa en una ciudad infestada de coches como es Madrid, y algunos de los mecanismos que tenemos a nuestro alcance para iniciarles en esta aventura urbana.

Zamora: ¿En una hora?

Si pusiéramos una plaza de toros con albero de Las Ventas en medio de la plaza Dam de Amsterdam no creo que los amsterdamers se convirtieran en toreros de la noche a la mañana. Las tradiciones lo son por la acción de los lugareños y se consolidan con el paso del tiempo. Igual sucede con lo de las bicicletas, una tradición en los Países Bajos. Muchos teóricos arribistas se sirven de “la coartada holandesa” no sólo para recuperar el tiempo perdido en la corte de Carlos V, sino para culturizar a golpe de vídeo y carril. Unos manipulan y otros se motivan demasiado. Buscan hacer la foto de portada, no grabar el vídeo.

A día de hoy, ir al cole en bici en Madrid y en muchas grandes ciudades españolas es toda una aventura, frustrante en muchos casos.  No es que la ciudad no esté “preparada” para las bicis, como alegan los cochistas manzaneros con piel de cordero, sino que, sobre todo, la inmensa mayoría de sus habitantes no está mentalizado para ello. Palabras mayores cuando nos referimos a la comunidad educativa, que también son padres y madres con niños en edad escolar. Por suerte, los hijos nos hacen crecer como personas y nos transforman aunque nos resistamos. Por eso, debemos dejar de ser un freno para ellos y ayudarles. Sin prisas pero sin pausas. No hay pastillas holandesas contra el miedo.

Proyecto Stars Madrid

Bajo el lema de “a clase en bici o andando” 33 centros escolares madrileños participaron en el Proyecto Stars Madrid (http://eustarsmadrid.blogspot.com.es/) el curso pasado, el segundo. Este año, con la incorporación de los colegios Obispo Perelló y Amador de los Ríos se completó el cupo de 35 que darán por finalizado el trienio con apoyo europeo pero que, a buen seguro, tendrá continuidad a nivel local.

El PSM, cofinanciado por la Unión Europea a través del programa STEER “promociona los desplazamientos activos a la escuela, tanto en bici cómo a pie” y ha contado con la participación de nueve localidades europeas. Se trata, así mismo, de una continuación del programa “Madrid a pie, camino seguro al cole”, iniciado en el 2007 por el Ayuntamiento de Madrid, que participa activamente en esta iniciativa a través de la sección ciclista de la Policía Municipal y Madrid Salud. Impulsa este proyecto educativo sostenible el deseo que los chavales tomen conciencia de preservar el medio ambiente, desarrollen su individualidad, mantengan la forma física como parte imprescindible del rendimiento académico y se potencie el uso seguro de la bicicleta como medio de transporte. La participación de los centros educativos es voluntaria y el papel de los profesores y de las familias es tan importante, o más, que el de los propios alumnos.

En el vídeo que sigue podemos observar de la mano de un ciclista-policía cómo ponen en práctica los alumnos del colegio Estudiantes Las Tablas en la vía pública los conocimientos teóricos y las habilidades aprendidas dentro del centro educativo los días anteriores.

https://www.youtube.com/watch?v=vsKIT8215_g

La parte positiva de este tipo de actuaciones es que los chavales adquieren unos conocimientos básicos imprescindibles de la mano de los verdaderos especialistas que les serán de gran ayuda cuando se decidan a dar el primer paso. La parte menos positiva, es que pueden percibir el mensaje de que circular en bici por la calzada es una actividad tan arriesgada que necesitas que no haya tráfico y que te escolte la mismísima policía.  ¿Cómo y cuando damos el salto a la realidad cotidiana? ¿Cuándo nos adaptamos, de verdad, al medio? ¿Y al miedo?

Bicibuses y pedibuses

Como continuación y complemento de STARS se implementaron los denominados pedibuses y los bicibuses que acercan a la realidad cotidiana -controlen el miedito- a los jóvenes peatones y ciclistas. Un bicibús es “una ruta que va recogiendo niños cerca de su casa y engrosando así un pelotón ciclista camino de la escuela”, según explican en su blog. En la actualidad hay unos veinte bicibuses que se realizan, al menos, un día por semana. El decano de todos ellos, el del Ignacio Zuloaga, surgió bajo el proyecto “Con bici al cole” y data del curso 2007-2008, una época manifiestamente hostil para la bici madrileña.

Los bicibuses forman parte de la oferta educativa de los centros y son realizados con gran dedicación por los docentes en colaboración con padres de alumnos, voluntarios y vecinos que se animan a acompañar a los chavales. No resulta sencillo ganarse la confianza de todos ellos, vencer sus miedos, porque ya no estamos jugando a “policías y ladrones”. Aquí, el ejemplo, la continuidad, y un pelín de suerte, son fundamentales.

Con esa intención, y como parte de mi activismo ciclista, durante todo el curso pasado me propuse acompañar y grabar el bicibús que inició la Escuela Ideo. Aún recuerdo los primeros días en que acompañábamos a Luquitas, de casi cuatro años, y cómo fueron saliendo del cascarón-remolque los dos locuaces hermanitos del casco verde, Lucas y Martín. Aquí, os dejo un resumen del año, https://www.youtube.com/watch?v=l8EU2J8jYfY aunque podéis visitar el resto de los vídeos en mi canal de Youtube.

Enseñanzas

Las enseñanzas que podemos extraer de este bicibús son muy provechosas. La primera de ellas es que los profesores con inquietudes ciclistas y deportivas son fundamentales para iniciar el proyecto y animar a los padres temerosos. En el caso de Ideo, el equipo formado por Pablo Llobera, activista ciclista y responsable del Plan Verde, Rafael García (Educación Física y responsable de STARS) y el también profesor Eduardo Souto, fue capaz de ganarse la confianza de las madres que, poco a poco, se fueron uniendo, acompañando y, a la vez, educando (Impagable la madre que enseña a su hijo que el semáforo de la calle Valcarlos está en rojo) La circunstancia de que esta iniciativa tuviera cobertura mediática en redes sociales fue importante, “sobre todo al principio, para quitar el miedo a los padres”, según confirma Llobera. El apoyo de los diarios digitales locales (www.lastablasdigital.com/ www.fuencarralelpardo.com), fundamental para que todo el barrio tuviera presentes a esos locos bajitos en sus desplazamientos.

Otro de los aspectos a resaltar es la incidencia del trazado viario ciclista en este tipo de iniciativas, siempre ligadas al concepto de seguridad. Cómo vemos en las imágenes, el recorrido, unos tres kilómetros, combina trayectos de amplia acera, vías ciclistas que discurren por la calzada paralela a los coches y calzada pura y dura, todo ello en un PAU especialmente congestionado por el tráfico. Si a esto unimos que el Anillo Verde Ciclista atraviesa de punta a punta el barrio: ¿Podríamos asegurar que estas infraestructuras se han mostrado determinantes para que esta aventura ciclista se haga extensiva al resto de la comunidad educativa del barrio? Hasta el momento, rotundamente, no.

En Las Tablas existen nueve centros educativos de primaria y secundaria (si incluimos el IES Manuel Fraga, en Sanchinarro y el CEIP Blas de Lezo, recién construido) y todos y cada uno de ellos tienen a pocos metros de distancia una vía ciclista. Se trata de un barrio joven y deportista, con trasteros de urbanizaciones repletos de bicicletas y, sin embargo, tan sólo dos centros se han acogido al programa STARS. ¿Qué ocurre para que un barrio que reúne unas condiciones en apariencia tan favorables, que debería ser modélico en esta materia y tomarlo como una estrategia frente al caótico tráfico, no haya “dado el salto”?

En el taller realizado el pasado viernes 11 en el Huerto del Retiro para impulsar el STARS de este curso, muy volcado con la próxima Semana Europea de la Movilidad y con la bicicletada del próximo martes día 22 (Día sin coches), algunos de los profesores nos ofrecieron algunas claves muy interesantes. El representante del colegio Puerto Rico (Orcasitas) nos hizo ver que un trayecto excesivamente corto no anima a los padres a sacar las bicis del trastero, y el del Estudiantes, puso sobre la mesa el inconveniente que supone que los alumnos vivan fuera del barrio y que los padres abracen la opción del coche como la más favorable. Eso nos conduce a entrar en las fauces del monstruo.

“Padres de España…”

El tuit de @looking4green
El tuit de @looking4green

El mayor peligro que tienen nuestros hijos para ir andando o en bici al cole no son los coches de los otros, son los propios coches de los papás y de las mamás que llegan siempre llegan tarde, esa es la realidad, y que aparcan en doble fila, sobre las vías ciclistas o sobre las aceras. Muchos niños y muchos papás en bici o andando harían del entorno del colegio un lugar mucho más seguro. La tuitera @looking4green (muy recomendable su serie #enbicialcole y su blog http://bellezaenbici.blogspot.com.es/) formula un llamamiento esperanzador que nos anima a tomar la iniciativa.

Por mi parte, llegué a Las Tablas hace ahora cuatro años. Nada más llegar me di cuenta de que era un barrio con calles sobredimensionadas que permitía alcanzar grandes velocidades a los coches. Los pasos de cebra apenas se respetaban -ni se respetan- y los giros prohibidos eran -y son-  la infracción favorita de los residentes. Desde el minuto uno entendí que mi hijo pequeño sería carne de tubo de escape si no realizaba una labor educativa continuada.

El centro de primaria que nos asignaron estaba a poco más de un kilómetro de distancia, todo cuesta abajo, lo que resultaba muy conveniente para las prisas mañaneras. Las aceras del barrio eran muy anchas y decidimos hacer el primer año en patinete. Él, llevaba a “flecha roja”, y yo, a “flecha gris”. En el entorno del cole, nos bajábamos y hacíamos el trayecto a pie. Aparcábamos en el aparcabicis ante la mirada atónita de algunos padres y la envidia de muchos niños. A lo largo de ese primer año hice mucho hincapié en atravesar los pasos de cebra. “No te fíes de ellos…no cruces hasta que paren”, repetía todo el rato. Superamos las situaciones de riesgo con algunas miradas amenazantes y, poco a poco, el crío fue desarrollando sus propias estrategias de defensa.

El segundo año, le acompañé a principio de curso y deje de hacerlo a mediados, armándome de valor y confiando en el trabajo realizado. Ese momento en que miras todo el rato el reloj, tiene que llegar algún día. Imposible controlar todas y cada una de las variables. Durante esos dos años de convivencia sobre ruedas echamos carreritas, mantuvimos largas conversaciones acerca de sus amigos de clase, del tanqui online y jugamos al veo-veo. Fue muy satisfactorio para ambos. El año pasado pasó al instituto y el trayecto se duplicó. Demasiado largo para un patinete pero pintiparado para una bicicleta.

El año pasado me pidió que le acompañara. Puse especial hincapié en que circulara por el centro de la calzada. Así lo hicimos unas cuantas veces, pero se avergonzaba de llegar con su padre, así que, volvió a quedar con sus colegas. Y así estuvo tontipedaleando, caminando y yendo en bus hasta que en los últimos días de curso se vino arriba y me dijo que le acompañara por la calzada pura y dura hasta la mitad del camino en que se encontraría con sus amigos. Lo que sucederá este curso que empieza está dentro de su cabeza, pero cuenta con mis urbanos pedales.

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