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Esta mañana he salido, como cada sábado, con mi bicicleta de carretera para hacer algo de cicloturismo. La ruta una de esas que me gustan no por el esfuerzo, no porque tenga alguno de los puertos de la Sierra Norte en su recorrido… Sino más bien por el poco tráfico, los paisajes y por estar poco transitada.

Habitualmente subo por el Carril Bici hasta Colmenar y allí decido. Esta vez tocaba enseñar a un amigo la zona de San Agustín de Guadalix (con la subida a La Atalaya), Pedrezuela y volver al Carril Bici por Guadalix de la Sierra y el Cerro de San Pedro. La parte más atractiva de este recorrido son los kilómetros entre Colmenar y San Agustín de Guadalix y, después, la subida a La Atalaya desde San Agustín de Guadalix dejando Monteoliva Alto a la izquierda, Pedrezuela, y la serpenteante carretera que bordea el Embalse de Pedrezuela.

El caso es que una vez escalada La Atalaya, toca parada, es un paraje muy poco visitado, al contrario de lo que suele ocurrir en La Pedriza, Navacerrada, Canencia o Morcuera. Desde el vértice geodésico situado justo al lado de la torre se tiene una vista privilegiada del valle. Y también de la periferia norte de Madrid.

Lo que me ha sorprendido esta vez es la extensión de la famosa “boina”. Se podía apreciar perfectamente ese color marrón como empezaba como una capa fina a la altura de ya prácticamente Colmenar, para ser una especie de neblina que apenas permitía que se vieran las 4 torres y las torres Kio.

Es decir, ya no es solo un problema de la ciudad de Madrid, sino de todos los municipios que la rodean, dentro de un radio considerable. Y con esto quiero decir que todas aquellas personas que viven la periferia de la capital y utilizan el coche para desplazarse hasta el centro, sea de compras, a alguna gestión o a sus puestos de trabajo, deberían plantearse si el problema de salud que vivimos en Madrid les afecta a ellos o no. Dejar de ser espectadores pasivos porque “aquí el aire está más limpio”… Y es que creo que poco a poco está dejando de ser así, y pensar si deberían empezar a utilizar más el transporte público o, evidentemente, la bicicleta en combinación con este.

Y digo esto porque, a pesar de las advertencias de neumólogos para no practicar deporte al aire libre en Madrid, el carril bici estaba hoy bastante concurrido con toda clase de ciclistas, con sus MTB, clásicas, de carretera, bicicletas sacadas del trastero o alguno de los nuevos modelos de bicicletas de paseo. Por eso no me cansaré de insistir en que es a estos ciclistas a los que hay que concienciar del uso de la bicicleta en su día a día. Vivan donde vivan. Porque la contaminación empieza a ser cosa de todos.

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