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San Sebastián, Barcelona, Sevilla, Zaragoza…y, al fin, Madrid: la última de las grandes en ponerse al día en la Red de Ciudades por la Bicicleta. Aunque desconocemos aún los detalles, el reciente anuncio de la construcción de 35 nuevas vías ciclistas o “itinerarios” http://www.enbicipormadrid.es/2015/12/35-nuevas-vias-ciclistas-para-2016.html, marca un hito en la integración de la bici en el tráfico urbano madrileño. Respetando la cuarentena que merece todo proyecto, analizamos las causas por las que la capital del reino ha merecido ser el farolillo rojo y las ventajas que tiene llegar casi fuera de control ¿Hay motivos suficientes para confiar en una remontada? ¿Será el 2016 “El Año del Gato”?

Idiosincrasia gatuna

Miau…definir la idiosincrasia gatuna…fiuuu. En los últimos treinta años la bicicleta madrileña NO se ha integrado como medio de transporte. Y, SI, se la ha segregado para que nunca lo fuera. Si bien es cierto que, con contadas excepciones, esta dicotomía ha sido norma en el panorama español: ¿cómo, cuando y por qué se origina el “hecho diferencial”capitalino?

En Madrid, los alcaldes, siempre han llevado el peso de la capitalidad y han estado muy controlados por sus mayores, por los rivales políticos y por el lobby del coche. A pesar del buen rollito, Tierno (1979-1986) y los socialistas no se atrevieron a coger la buena ola que veía de Europa. Nunca creyeron en aquellos ciclistas ecologistas de los ochenta que quisieron meter las bicis en Cibeles para purificar el cielo de Madrid. Los mandaron, al loro, a la Casa de Campo.

Fue por esos días cuando se fraguó el discurso de que la bicicleta era un artilugio -no vehículo- pintiparado para ocio y solaz de los madrileños y para los esforzados de la ruta. Al que se transportaba, ni agua. Sin duda, merecimos un Odón Olorza, a pesar de los carriles, y unos colectivos más aguerridos. Y haber estado más cerca de los Pirineos, joder.

El segundo de los alcaldes en cuestión, Álvarez del Manzano (1991-2003), fue una maldición de la que tardaremos décadas en recuperarnos. Este corregidorcillo, hizo todo lo posible por aniquilarnos, tanto física como psíquicamente. Y lo consiguió. Nos enfrentó a los conductores, nos centrifugó  al Anillo, proyectó aceras-bici que encabronaban a los peatones y, con acritud, lanzó mensajes tan negativos que han castrado a una generación de emergentes ciclistas urbanos. Su sucesor, Ruíz-Gallardón (2003-2011), embaucó a los colectivos con planes tan integradores, je, que acabaron en más aceritas-bici o en el engendro Madrid-Río.

Nosce te ipsum, colega

Así, el ciclista madrileño, por bando municipal, no se transporta, sino que, mayoritariamente, hace deporte o se pasea ataviado como si fuera al fin del mundo. Apenas se le ve por la calzada urbana de lunes a viernes, ni cuando llueve. En realidad, es un conductor que pedalea “a lo coche”. Nació con miedo y creció segregado en una ciudad infestada de coches/tiburones y de pertinaces cuestas que le hacen sudar, a mares. Para sobrevivir, huye del olor y del ruido de los motores al Anillo, y más allá. Suele asociarse y recuperar lo sudado en el bar de la esquina. Es devoto familiar de las fiestas de la bicicleta de los findes y festivos, practicante de retos imposibles y cofrade del atasco de los lunes. Tal que así, la foto. Ardua tarea, confirmo, cambiarle el chip.

Porque, aquí, queridos lectores, y hemos discutido mucho acerca de ello, no se trata de crear infraestructuras físicas, sino de derribar kilómetros de barreras mentales y neutralizar volquetes de miedo. Y para eso, hay que dejar a un lado los complejos y tener un poquito de paciencia, y mucha educación, y masa crítica, y, algún carrilito para los irredimibles. Y un golpe de suerte.

El milagro de A. Botella

Cuando todo estaba perdido y los resistentes que no nos habíamos fosilizado estábamos a punto de hacerlo, salió Anabé con lo de BiciMAD en abril de 2014. Recuerdo que me entraron ganas de llorar cuando pidió “respeto” para el ciclista urbano. Aún conservo la nota de prensa: “La alcaldesa anuncia que BiciMAD cambiará el pasaje urbano”. Y así fue. BiciMAD es esa oportunidad que “pintan calva”, ese tren que pasa una vez en la vida y que coges. O no.

¿Hubiera triunfado en Madrid un servicio de bicicleta pública convencional? ¡Ni de coña! Pero, de la noche a la mañana, estos engendros de pedalada asistida acabaron con las cuestas, con los sudores e impulsaron a muchos ciclistas noveles a desenvolverse con soltura por los ciclocarriles. A cada pedalada, el negativismo y el miedo se fueron convirtiendo, poco a poco, en seguridad y posibilismo para miles de abonados ¡Hasta los taxistas comenzaron a respetarnos!

BiciMAD, nos hizo creer. Merece la pena redimirla. Hace falta un planificador que entienda lo que está pasando y que, sobre la base de la universalización del servicio, construya el modelo de movilidad ciclista de futuro. Alguien, que convierta Madrid en locomotora del cambio, en paradigma de las ciudades-30 que devuelven las calles a los peatones y las hacen más vivibles. Y los únicos que pueden hacerlo son los rojiverdes de Ahora Madrid y una alcaldesa ciclista como Manuela. El tiempo dirá si lo que prentenden es la integración soñada o un simple encaje de bolillos. ¿Vanguardia o neoclasicismo? ”Asignatura pendiente”, de Garci, sospechamos más de uno.

Año 2016

Lo hay que reconocer a estos muchachos es que han tenido la valentía de poner el cascabel al gato-coche. Sacar al coche del centro es la base para cualquier proyecto de movilidad sostenible y para devolver el territorio robado a los peatones (Y eso pasa por la desaparición progresiva de las aceras-bici y bajar los aparcabicis a la calzada) Esa línea de actuación debería de ser muy potente, pero van a ser la Juntas de Distrito las que gestionen los proyectos en base a la participación ciudadana y a presupuestos de ocasión. Escuchar y empoderar es bueno, pero la unidad de acción evita parches y tirones.

El año gatuno que entra, debería maximizar el Proyecto Stars y llenar de bicibuses escolares todos los barrios. Debería ser también el inicio de la reconversión del Anillo en una vía de comunicación eficaz con los municipios limítrofes. Para ello, hay que salvar las barreras que suponen las vías de circunvalación que nos inyectan miles de apestosos coches. En este sentido, sería ejemplarizante que la vicepresidenta localidad de Alcobendas solucionara la conexión con Madrid por Las Tablas. Y que se resolvieran puntos conflictivos como el acceso al carril de Colmenar por Fuencarral, una cuestión de vida o muerte que nunca debimos tolerar.

Y para terminar, la intermodalidad. Esperemos que la reB (Red de estacionamientos bici+transporte público) que está a punto de aterrizar en las estaciones de Metro, refuerce la colaboración entre las administraciones. Y que la integración en la Tarjeta de Transporte Público (TTP) de todos los sistemas de bicicleta pública de toda la Comunidad llegue pronto. Y todo ello, para que Madrid sea la tête de la course que estos alcaldes de cuatro ruedas no la dejaron ser. ¿Creemos en la remontada y en el Año del Gato?

Por @deteibols

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