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Por gentileza de Up2city, distribuidor en exclusiva en España de la marca checa AGOGS, cambiamos la pedalada convencional por la asistida durante tres meses y miles de kilómetros urbanos. La Decathlon Triban 7, ni tocarla. Uff, que pereza, volver. Tres meses de ventoso invierno madrileño en los que mi vida ciclista habitual (la “sección coche” la lleva mi mujer desde hace siglos) ha sido mucho más llevadera y mi activismo ciclista ha experimentado posibilidades a las que no llegaba la Booster Bike de BiciMAD.

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Ahora que se ha abierto la veda del Plan MOVEA comprarse una e-bike es 200 euros más fácil. Os aseguro que, asistido y con carga propia, apetece ir a más sitios y atravesar la ciudad para ir a trabajar sin estar pendiente de la base más cercana que, ahora, es el salón tu casa o la mesa de tu oficina (3-4 horas de carga). Sin prisas y sin sudores, pero sin pausas. Aunque uno de los modelos suministrados era un “prototipo” -ya os explicaré…-,tenéis que saber que los que venden en las tiendas tienen limitada la velocidad a 25 km/h. A pesar del corte, frustrante a veces, las medias de transporte se elevan. Sobre todo, en recorridos subebaja y de más de media hora.

No quiero engañaros con este artículo. No soy un piloto probador ni tampoco os voy a dar detalles técnicos, salvo los imprescindibles para transmitir las sensaciones que os puedan interesar. Las comparaciones con otras marcas y modelos os las dejo a vosotros, a vuestro dealer de confianza y al buscador de internet. Yo, no vendo bicis. Activo, a veces agito, mentalidades. Quiero ser uno de vosotros de los que quiere cambiar, experimentar o evolucionar y que mi experiencia os acerque a las tiendas para probar estos sofisticados vehículos.

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Aquí, caen en mis manos dos asequibles y pintones modelos de e-bike de la marca checa AGOGS, la Silvergo y la Tracer Cross, para cambiaros el chip y para que os bajéis a la calzada urbana un poco más seguros de vosotros mismos. Si queréis, claro, porque, poder, se puede. ¡Me tenéis hartito con vuestras excusas!

Dos modelos y tres adaptaciones diferentes (plegable de rueda pequeña, MTB “de Anillo” y urbana largo recorrido) para circular por las calles de Madrid que han dejado huella, no sólo en este activista ciclista, sino en su entorno laboral y social. Un muestrario de golosinas “a domicilio” que ha generado: Muchas dudas (“¿es cómo un ciclomotor?”), alguna pataleta, rebatible (“haces trampas, es como doparse”) y cierto inmovilismo (“con ese cargador, te subirá la factura…”) que me parecía necesario compartir en el único idioma que me apetece hablar: el urbano. Porque, no lo olvidemos, estamos hablando de transporte.

Por cierto, ¿Tu coche tiene turbo o inyección?

La plegable.

La Silvergo es una bicicleta que se pliega con facilidad para meterla en el maletero del coche, subirla en un ascensor estrecho o dejarla en una esquina de la habitación, mientras la cargas. Aunque, si quieres guardarla en el trastero, puedes subirte la batería (3,2 kg). Ahora bien, a la primera plegada, me di cuenta de que aquella “pila” iba a castigar mi espalda si practicaba la intermodalidad todos los días. No lo hice. Me decidí por un uso urbano convencional.

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Con noventa y tantos kilos de peso en el mes de diciembre -sigo en ello…- y 1,82cm de altura, aquella bicicleta de ruedas minúsculas parecía poca cosa para llevarme al trabajo desde Las Tablas a la Ciudad de la Imagen de Pozuelo (25km/ida). ¿Podría tirar aquel bichín de este bichón?

Pues sí, la enana tiene nervio y es recia. Con la batería Sony Li-Ion 11Ah/36V (400Wh) y en la posición boost, la más asistida de las cinco, llegas sin problemas aunque tienes que recargar para la vuelta si no quieres comprobar, que lo comprobé, “el peso de la tecnología”. En otras posiciones menos asistidas, llegas de sobra (anuncian hasta 80 km), aunque haces más ejercicio y vas más despacio. En un trayecto tan “largo” urbano, se me quedaba corta de marchas y echaba de menos algo más de velocidad en las bajadas. En pendiente, muchos mtb´s me respetaban. Una delicia la salida de los semáforos con rueda de 20´´ y asistida por el botoncito rojo. No te levantas nunca.

La posición del manillar de la Silvergo es muy cómoda para la espalda y te permite tener una amplia visibilidad del tráfico en todo momento. La suspensión delantera y la del sillín se mostraron muy resistentes con mi peso, al igual que el portabultos con mi pesado equipaje. Al principio, tenía miedo de dejarla en la calle y que me vandalizaran el display ,que me quitaran la batería o, incluso, que se se me cortocircuitara con la lluvia, pero no he tenido ningún problema. Plegada, se canda mejor, pasa más desapercibida y se acoraza.

Durante un mes llegué vestido al trabajo con mis vaqueros, mis kickers azules y mi gorrito belga negro bajo el casco, sin sudar una gota, descansado y ahorrando unos diez minutos en un trayecto de poco más de una hora. Transporte urbano sostenible “de libro”. Sin embargo, la mayoría de mis compañeros que hacen uso deportivo de la bici no le prestó el menor interés. Los que la usan los fines de semana, de ocio, no la valoraron como la posibilidad de transporte, incluso rentable, que yo les proponía. Ni de coña sopesaron que fuera una alternativa a su adorado coche. Alguno dijo, en su ignorancia, que aquello era “como un ciclomotor”. Para dar una vuelta por el parque 1700 euros les parecieron demasiado.

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Sin embargo, un día fui a comer a un restaurante en Las Tablas con un amigo y no traje los candados. Le pregunté al camarero donde podría dejarla sin estorbar al resto de la clientela y me dejó ponerla, sin rechistar, en una esquina del salón. “¿Es eléctrica?”, preguntó. Le respondí que si. Al poco se acercaron más camareros, algún cliente miró, y preguntaron algunos detalles. Noté su envidia cuando les dije que era un poco cara y que, plegable y asistida, no la tenía casi nadie. Ellos mismos echaron sus cálculos de transporte y diríase que hasta querían que les salieran las cuentas. Cosas del marketing patrio.

La Silvergo es una bicicleta ideal para desplazarte por las calles de tu barrio y urbanizaciones sin dejar de ser tu mismo/misma y hacer todos los recados sin necesidad de coger el coche. Muy adecuada para ir al trabajo en media hora con traje y portátil y para destacar entre tus compañeros.

La Tracer

La Tracer Cross de 29´´ fue otro cantar. El prototipo suministrado por el distribuidor venía equipado con unas cubiertas muy gruesas que la daban un aspecto de MTB, un tanto agresivo, pero la bici no está concebida para rocanrolear por el monte del Pardo. Era una urbana aguerrida, perfecta para comerse las grietas, las rejillas y los bordillos madrileños, pero naked. No era exactamente mi filosofía. Compré un par de guardabarros plegables, le adapté un portaequipajes a la barra del sillín, le puse las luces de mi Dec…y la hice mía, la urbanicé.

La Agogs Tracer Cross, urbanizada.
La Agogs Tracer Cross, urbanizada.

La Tracer venía equipada con una batería más potente y duradera que la Silvergo y, además, tenía un reglaje “de prueba” que permitía unos poquillos kilómetros más de velocidad antes de llegar al corte que, bien manejados, me proporcionaban una mejor solvencia, incluso para este experto urbano, entre el tráfico. Lo reconozco, amigos, hasta que me la volvieron a regular, he disfrutado como un enano. Recuerdo que el primer día que fui al trabajo con ella me puse a rueda de un pelotón de ciclistas de carretera en la Casa de Campo y, en terreno ascendente, les costó lijarme. “¡A ver si se quedas sin pilas!”, gritaron al pasarme, al fin. @DuduFuenla lo vio y lo tuiteó.

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Una bicicleta “eléctrica”, te cambia la vida, te acostumbras a una nueva movilidad. No he parado de moverme por toda la ciudad y alrededores, muchas veces practicando la intermodalidad con Cercanías o Metro. Cualquier excusa era buena para “acercarme” en un momento al centro o al otro lado de la ciudad, empalmando un acto con otro. Y, aunque la pedalada está asistida, no hay que olvidar que las piernas y el corazón se mueven y, después de muchos kilómetros también te duelen los músculos. En una ocasión olvidé recargar la batería y, gracias a los buenos desarrollos, me costó mucho menos volver que con la Silvergo. Extraña sensación esa de que tus pedaladas pierdan valor de un momento a otro. Parece que ni te mueves.

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Al llegar al trabajo, je, la cosa cambió. Aquella preciosa bicicleta con Shimano Deore de 10 velocidades, era como las suyas, pero, con chispa. Empezamos a hablar en el mismo idioma aunque, los más puristas me soltaban que aquello era como “doparse”. Los pobres siguen sin entender la diferencia entre transporte y deporte. Los demás, se interesaron bastante y, curiosamente los cerca de 2000 euros que cuesta, en esta ocasión, no les parecieron caros. Alguno se planteó venirse con ella al trabajo y preguntó acerca de la durabilidad de la batería (500-1000 ciclos) o del consumo, insignificante, del cargador. Hace unos días me facilitaron las gomas que trae de serie el modelo Trek, mucho más finas, y ya no se fijaron tanto. Sin embargo se nota que la menor resistencia de rodadura alarga los kilómetros de asistencia.

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Agogs Tracer Trek.

Con sus luces, guardabarros y trasportín, la Tracer Trek es una bici para atravesar la ciudad sin cansarse o para venirse desde cualquier municipio limítrofe con la batería XL, si la conexión y la seguridad lo permitieran.

Conclusión

Resulta imposible valorar las posibilidades de una bicicleta de pedalada asistida de estas características hasta que no la pruebas continuadamente, hasta que no la encajas en tu proyecto personal de movilidad urbana. Comodidad, postura de conducción, equipamiento de seguridad, capacidad de carga, durabilidad…son aspectos de la conducción que toman otra dimensión vistos desde el punto de vista del transporte cotidiano. La “patadita” de la primera vez te hace sentir como un niño con un juguete nuevo y te recuerda que la bicicleta, por encima de todo, tiene que ser divertida. El efecto “superpoder” de tu pedalada cuando circulas al lado del resto de ciclistas malacostumbra a tu ego, al igual que el de ser un pionero entre el pelotón. Saltar al tráfico de Madrid, incluidas sus pendientes, con una e-bike aporta al novato un plus de seguridad que, por lo que conozco a “mi gente”, es muy conveniente.

En mi caso particular, ha sido una experiencia contradictoria. Contaba con la capacidad suficiente como para desenvolverme entre el tráfico urbano sin necesidad de ayudas y a velocidades que, todavía, me puedo permitir con mi edad y con mi preparación física. No sólo me transporto, sino que el hacerlo de manera continuada me mantiene en forma sin necesidad de dedicar tiempo extra para ello. Sin embargo, la asistencia, me ha permitido ampliar mis posibilidades de desplazamiento y activismo, de gestionar mi “negocio” personal, sin agotar mi propia batería.

Sin embargo, tras probar el gusanillo de la velocidad, uno se pregunta si entre los 25km/h y los 45km/h de limitación que tienen otras bicicletas con regulación de ciclomotor, no podrías acercarte más a las ciudades-30.

 

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