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Son las 9:30 horas del viernes 7 de abril. Acabo de subir al AV City en Chamartín en dirección a Valladolid. He llegado en la Brompton a la estación. Veinte minutos. La he plegado y la he colocado arriba, con el resto del equipaje: Un bolso grande, una mochila y el casco. Como veis en la foto, asoma el sillín, pero pasa desapercibida dentro de su bolsa. Nos ponemos en marcha, puntuales. Saco el ordenador para escribir este artículo. Cuando llegue, una hora, cinco minutos y miles de caracteres después, está previsto que me reciban Carlos y Guillermo, miembros activos de ASCIVA. Desplegaré, y me enseñarán la ciudad a pedales y, espero, me harán probar sus delicias culinarias. Por la tarde, participaré en el acto “Modelos de ciudad, tres debates”. Les he traído unos plátanos para cumplir mi compromiso de los 30 Días en Bici. Un compromiso, es un compromiso. Al día siguiente, cuando vuelva, más bici, más plátanos y al trabajo. Mi vida, intermodal, sigue.

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Plegable

Por cortesía de Emiliano y Pedro (Esmibici) descubrí el mundo de la intermodalidad plegable, debutando, eso si, en primera división. Si aquella mosquita muerta en brazos de @elencita_ o de @asierlv ya me parecía diminuta, entre mis gruesas piernas, era abuso de posición dominante.Tenía la sensación de que los pedales iban a partirse al levantarme, que los cierres de palomilla se aflojarían con las vibraciones, y que las ruedas, directamente, reventarían. Al fin y al cabo, je, era un vehículo de prueba…pero: ¡Estos británicos, han fabricado a conciencia la fucking máquina! Ni un tornillo se ha movido en el mes y medio que ha durado la prueba. Lubricante seco, tras la lluvia, y nada más. Las ruedas, pétreas.

Emiliano me había explicado como plegarla y como transportarla, pero, hasta que no lo haces tu mismo, no te das cuenta lo sencillo y práctico que es: “Todo encaja si sigues los pasos en el orden adecuado. Si algo no encaja”, razonaba ,“es que no sigues el orden adecuado”. Así es. Cuando le coges el tranquillo, el acto de plegar y desplegar se convierte en una exhibición de practicidad que se transforma en exhibicionismo de primera magnitud cuanto tienes audiencia, ciclista o no. He disfrutado en los vagones mirando las caras de “¡Qué chula!”, contestando, sobrao, a sus preguntas (milibastantes euros) y dándoles un cursillo acelerado que siempre termina en un “conseguido” circense. El toque alehop de desplegar la rueda trasera es, para qué vamos a negarlo, orgásmico.

Tal es la erótica del pliegue y lo bonsái del tamaño, que desactiva el excluyente chip de activista ciclista que llevas por convicción y te conecta con esa faceta familiar/social que, en muchas ocasiones, queda relegada a un segundo plano. Ya sabéis, lo del monotema y tal. Conectado/desconectado, empecé a preguntarme hasta dónde, con perdón, podía meterla, y llegué a la conclusión de que en casi todos los sitios. Cargué la zona A en la TTP y comencé a practicar la intermodalidad (Ver vídeo) a cualquier hora del día: !Un gustazo¡ También se convirtió en una prolongación imprescindible del maletero del coche -conste- de mi mujer. Todo el mundo debería llevar una Brompton en el maletero de su coche para huir del pertinaz atasco por calles tranquilas y dejar con cara de bobos a los infelices enlatados.

Desplegada

La primera de las unidades que me facilitaron tenía seis velocidades con cambios tipo “Mickey” -yo los llamo así- y era una delicia. Muy ágil en todo tipo de terreno urbano/calzada/carril se mostró muy competitiva tanto en las subidas como en las bajadas -vuela- de Madrid. Aunque está pensada para trayectos más cortos y combinados, no me resultó ningún inconveniente realizar los veinte kilómetros que me separan del trabajo, ni tampoco me quedaba atrás cuando circulaba con otros colegas: Motivao de David, aparte. Realmente práctico y resistente el anclaje delantero para colocar el bolso grande para el ordenador u otro más pequeño.

La segunda que me dejaron, con sólo tres marchas, fue otro cantar. Le tengo que agradecer una ligera disminución de peso, pero también más de un pie a tierra en pendientes pronunciadas. Con este modelo, en Madrid, estás condenado a la intermodalidad, pero, en la planísima Valladolid, a crear tendencia. En todo caso, tus músculos crecen.

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Por la calzada, en Valladolid.

Adorable 

La Bromp y yo hemos compartido muchos buenos momentos. Reconozco que me he enamorado tanto de ella que estoy pensando si pedirla matrimonio o, tenerla como “querida” de mi híbrida, aunque sea de segunda mano. Juntos, lloramos y reímos aquella lluviosa noche en el homenaje a Moncho Alpuente, en el Price; en el 15 aniversario del Campamento de la Esperanza de los trabajadores de Sintel, en García Noblejas, se puso en primera fila para admirar a estos valladares de la lucha obrera; calladita, bajo la butaca, se quedó a ver si se lo llevaban crudo los de Cien años de perdón; en el homenaje a Javier, ciclista urbano, en la calle Alberto Alcocer, se sintió una BiciMAD más; en la jornada técnica de la Red de Ciudades por la Bicicleta/FEMP estuvo, como no podía ser de otra manera, en primera fila, y hasta llamó la atención de Cristina Cifuentes “mira, la plegable”, dijo,  el día que inauguró la reB en Colonia Jardín.

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Tengo una espinita clavada en el tubular con ella. Me quedé con la ganas de subirla a la mesa el día de la reunión que mantuvimos en el Ayuntamiento de Madrid con Inés Sabanés en la que, por primera vez, la bicicleta como medio de transporte fue la protagonista. La próxima vez, si me invitan y dejan de llamarme Deleteibols, que suena a borrarme, la subo. Prometido.

por @deteibols.

fotos @deteibols y @asciva

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