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Voy a exponer estas pinceladas ciclistas veraniegas acerca de Montpellier (Francia) a pecho descubierto. Si, porque mi relación de treinta años con la capital de la región actualmente denominada Languedoc-Roussillon-Midi-Pyrénées* va mucho más allá de unas simples pedaladas urbanas. No, no es casualidad, mon amour, que nuestros hijos se llamen Guilhem y Christian, con “h”. Muchos años de idas y venidas en el caduco Costa Brava y por autopistas de pagaje en las que he sido testigo de una transformación urbana, demográfica y multicultural sin precedentes. Una arriesgadísma revolución política conducida por un alcalde (1977-2004), y también presidente de la Agglomération*(2001-2010), sin parangón, Georges Frêche Hoy, treinta años después, tras las últimas vacaciones familiares y con el activismo ciclista por bandera, han coincidido el lugar y el momento para comentarlo.

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Place de la Comédie. Año 2001. Menos kilos y menos canas.

La Ville y le Maire

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Montpellier se encuentra situada a unos 45 minutos de carril bici* segregado y obligatorio de las turísticas playas de Palavás-les-Flots, y a unas pedaladas más de las de Carnon y La Grande Motte. Si vas hacía el sur, tomando la Carrièira Magalona,-toponymie oblige-, puedes descubrir en bici y en familia sus esencias occitanas en Villeneuve-lès-Maguelone. Su clima y su vegetación, bosque mediterráneo, se parecen bastante a los de la Costa Brava y, cuando sopla el mistral, hay que apretar el manillar. En verano, está repleta de turistas que se deleitan paseando por su excelentemente conservado casco antiguo, disfrutando de sus coquetos restaurantes o cayendo en las redes de sus persuasivos comerciantes. Imposible olvidar a aquel amable dependiente que salió a buscarme a la calle para venderme el que acabaría siendo mi traje de boda.

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Catedral de Saint Pierre.
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Aparcabicis esperando a que comience el curso.
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Acceso restringido en casco antiguo.

Cuando empieza el curso, la ciudad se transforma. Se llena de universitarios a pie y en bicicleta que están obligados a entenderse, sobre todos por las estrechas calles peatonales, ya que el vehículo que no sea de carga/descarga lo tiene imposible. En el entorno de las facultades, los actos culturales se multiplican y las lavanderías automáticas y los vendedores de croque monsieur, pizza o roulé au fromage, se forran. Aquí no hay tiendas “de chinos”. Hay docenas de centros comerciales alrededor de gigantescos y concatenados rondpoints (rotondas), imposibles para los ciclistas, que nos dan idea del poder de consumismo y de su dependencia -¿O es al revés?-  del coche. Al mismo tiempo, la esperanza reside en los numerosos mercadillos que, lo mismo te venden pescado fresco, que las obras completas de Jean-Paul Sartre. A pesar de que el Montpellier HSC gano su única Liga 1 en el 2012 de la mano de Giroud, el fútbol es un deporte más dentro del amplísimo repertorio de los que practican. Hombres y mujeres por igual.

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Un simpático ciclista, Carmelita Descalzo, de Montpellier.
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Algunas cosas cambian. Otras, no.

Desde el uno de enero de 2015, Montpellier es el centro de la denominada Montpellier Méditerranée Métropole, una comuna que agrupa a 31 pequeños municipios limítrofes y que cuenta con una población en torno a los 435 mil habitantes en un territorio de unos 423 km2, según indica la Wikipedia. Este reciente cambio administrativo es el punto y seguido de una trayectoria que comenzó en 1977 con el “reinado” del profesor socialista Frêche y que transformó toda la ciudad bajo el lema “Changer la ville, changer la vie” con la bendición de un tal Mitterrand. Su legado, es impresionante: Antigone (obra de Bofill), reforma de la Place de la Comédie, Euromédecine, Millénaire, Port Marianne, Corum, Zenith, Odysséum…y, lo que nos ocupa, el tranvía. Os sigo dando pistas…

Georges Frêche, 17 ans, avec son vélo obtenu pour son brevet
Frêche, con 17 años, llevando la bici obtenida por graduarse. (Foto Association Georges Frèche)

Tramway, y más

Imaginaos el trazado viario de toda la ciudad, siempre en obras. Imposible desplazarse con normalidad en coche, en bicicleta o incluso a pie. Todo supeditado desde 1997 a la magna obra del tranvía, al transporte público.  Imaginaos, llegar un verano o unas navidades con el coche, y no poder pasar por ningún lado y dar vueltas y más vueltas. Y, al año siguiente, por dónde se podía circular, ya no. ¡Raíles y señales de circulación prohibida por todos lados! JP Kempenar, estudioso de la historia de Montpellier , tira de geometría para alertar a los automovilistas foráneos -ojo también pasajeros del bus- de lo caprichoso del trazado viario local, incluso sin obras: (…)el trayecto que se hará para dirigirse de un punto A a un punto B raramente será rectilíneo y, sobre todo, no tendrá ningún parecido con el que se hará para volver”. C´est fini? No: para el año 2018 tienen previsto poner en funcionamiento la quinta línea y extender las otras para pasar de los 56 actuales a los 110 km de trazado, la red más extensa de toda Francia.

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“La vista merecía el desvío. La vida vale/merece dar la vuelta. Fin de la acera”

Desde un punto de vista programático, la apuesta de Montpellier por buscar alternativa al coche es imparable: “Desplazarse de otra manera para desplazarse mejor”, es el leitmotiv del Plan de Desplazamiento Urbanos (PDU) vigente. Devolver el espacio al peatón y apostar por medios de transporte menos contaminantes y económicos, el reto principal. Otro, apostar por la intermodalidad como estrategia para dejar el coche en el garaje y recurrir a la bici. Desde 2007 existe el servicio de bicicleta pública Vélomagg que cuenta con 56 estaciones, 18 aparcamientos cubiertos y cerrados, y con un sistema      de gestión denominado Smoove  que funciona a las mil maravillas ¿Cómo influye todo esto en la movilidad del ciclista montpellerino? ¿Por dónde y cómo circulan? Espero que estas pinceladas os hagan reflexionar.

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Panel inteligente de una Velomagg, junto Arc du Peyrou/ Estación, junto a Les Arceaux.
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Un véloparc, cubierto, vigilado CCTV y larga estancia.

¿Pour votre securité?

Como madrileño que circula por el centro del carril, lo primero que me sorprendió es que los ciclistas de por aquí circulan por la calzada urbana pegaditos a la derecha. Haya o no carril bici pintado, se esquinan y, yo lo he percibido así, dejan vía libre al coche. Desde el punto de vista de la seguridad ciclista, se trata de una aberración, bendecida en el Code de la Route, ya que de todos es conocido que la primera causa de accidentes en zona urbana es la apertura inesperada de puertas de los vehículos estacionados. En la práctica, a la hora de adelantar, los automovilistas locales apenas dejan el metro y medio que defendemos con uñas y dientes por aquí. Añadid el espíritu deportivo de los conductores del sur y olvidaros, también, del intermitente.

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Los 4 ciclistas, a la derecha, por esta calle/autopista urbana de Villeneuve-lès-Magelone, cerca de Montpellier.

No era capaz de asumirlo, y pregunté. Según me informa el compañero de París Fran Varas-Genestier esta locura ha sido corregida hace un año, sin que se haya dado la suficiente publicidad, claro, y ahora se permite, y traduzco, “circular a una distancia suficiente de los coches estacionados”. Sin embargo, si preguntas a París     j´écoute (nuestra Línea Madrid), amablemente te indican que “il est préférable de circuler à droite”. Lo de el centro de Madrid es, no me canso de repetirlo, oro en barras para nuestra seguridad. Un baluarte contra el lobby. Aquí, haría falta otra Revolución…pero, allá ellos, no la buscan. El conductor se siente Rey Sol y el ciclista acepta su papel de fiel vasallo.

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El poder del coche, obliga.
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Hay que protegerse de La Bicha.

Para intentar explicaros hasta donde llega este vasallaje y lo difícil que resulta quitar el hábito al monje, os abro los ojos con la señal C-113, la cuadrada S-35 de aquí. Desde el año 1999 los ciclistas franceses no están obligados a circular por una vía ciclista si no existe la señal B-22, o sea, nuestra ominosa “piruleta” R-407-a. A primera vista, me sorprendió gratamente ver en Montpellier muchas más C-113 que B-22, ya que su uso facultatif, facultativo, abría una puerta a la esperanza: Era un espejismo.

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Desde un punto de vista legal, se trata de una ventaja, ya que si el Prost de turno te lija fuera del corralito -un abrazo, Carlos-, al menos no eres un forajido. Desde el punto de vista práctico, diecisiete años no han sido suficientes para descarrilizar a los urbanos franceses que ven el pictograma de la bicicleta, ya sea enmarcada en redondo o cuadrado, y se les hace elculopesicola. El denominado “Señor de la Bici” de París, Tristan Campardon, pone con gusto los hielos al dulce refresco a través del blog del servicio público de bicis Velib“Las infraestructuras ciclistas han sido creadas para el confort/comodidad y seguridad de los ciclistas y para favorecer el reparto del espacio público entre los peatones, automovilistas y las dos ruedas”. Por si no entendéis la ironía francesa, mucho menos trabajada que la española, lo que dice Tristan, es que al coche le tocó en el reparto que hizo, él mismo, la calzada. Y, a la bici, joder lo menos posible a los peatones.

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Panel con ITINERARIOS ciclistas.
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Sin comentarios.
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En batería o en línea, siempre a la derecha.
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Típica acera bici asfaltada.

¿Y las normas?

En este Montpellier veraniego resulta frecuente ver a los ciclistas circular por las aceras, aunque está prohibido, salvo a los menores de ocho años (CdR/R412-34) o si existe acera bici, aquí, palabras mayores. Debéis de saber que por esta zona de Europa tienen la costumbre de asfaltar las aceras y si quitamos el escalón del bordillo, no hay diferencia en la superficie de rodadura. Salvo en las zonas céntricas muy peatonales, no suele haber baldosas o losetas como aquí, y el mensaje subliminal, quizás no tanto, que se transmite es que los ciclistas pueden pilotar con sus neumáticos sin los peligrosos coches al lado, sorteando, eso sí, a los molestos peatones. Para más inri, los automovilistas también interpretan que ese terreno es familiar y se suben a su querido asfalto con total impunidad, dejando la vía expedita para sus impacientes “colegas”. La viabilidad, avant tout.

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Un popurrí. “Pot pourri”, según ellos.

En Montpellier, también resulta frecuente que los ciclistas circulen por el trazado del tranvía, aunque se supone que no está permitido En las zonas peatonales, podríamos decir que el asunto de la convivencia está consolidado y no pone pie a tierra ni el tato. También, esto no es París, se saltan los semáforos en rojo. Ufff, estaba muy confuso para diferenciar entre anarquía y libertad, y busqué la luz.

Pincha aquí para ver un vídeo con sorpresa.

Me fui a la Oficina de Turismo de esplanade Charles de Gaulle en busca de folletos con consejos para circular correctamente en bicicleta por la ciudad. En su folleto “ride the city”, Vélomagg invita al turista a utilizar los 160 kms de pistes cyclables, por el centro histórico y por las riveras del Lez *, pero sin indicarte cómo. Acudí al Espace Mobilité del TaM, organismo que gestiona todos los transportes públicos de la Métropole, y me dijeron que, aquí, los ciclistas “hacen lo que quieren” y que, eso sí, tuviera cuidado de no meter las ruedas en los raíles*. El tercer sitio al que fui fue el Hôtel de Ville, el Ayuntamiento. Pedí a las recepcionistas una Ordenanza de Movilidad o similar. Se quedaron alucinadas. Coincidieron en recomendarme que “hiciera como todo el mundo”. Sólo me quedaba la Policía Municipal. Después de hablar con tres amabilísmos agentes, confirmaron que los ciclistas hacían lo que querían y que ellos no podían evitarlo. Me recomendaron, eso sí, que circulara por la derecha. “Pour votre securité”, dijeron.

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Aparcabicis frente al Ayuntamiento.
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Aparcabicis de la Policía Municipal. Muchos, patrullando. Nótese giro “local” característico del modelo universal.

Reflexionemos. Hay que entender las veleidades de unos ciclistas víctimas históricas del “sentido único”. Y compadecerles, porque, con los cambios en el trazado viario provocado por el tranvía y la reestructuración de la calzada, les resulta imposible realizar un trayecto de manera coherente. Eso les conduce a la intermodalidad, bien, pero, hum, les “obliga” a circular por dónde el tranvía, a cicleatonear por las aceras, a zigzaguear por las zonas peatonales y a pasarse por el Arc du Peyrou las señales de tráfico. Son unos urbanos, no importa la edad o el sexo, por fuerza, libertinos, que no libertarios. Los montpellerinos de “a pie” han asumido a la perfección esta circunstancia y han aceptado, con naturalidad, la pérdida de la supuesta prioridad peatonal en favor de la coexistencia que tanto anhelan, en circunstancias bien diferentes, algunos activistas ciclistas de Madrid.

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Rara avis.

Conclusiones

Observo las viejas fotos de principios de siglo XX de Montpellier y veo cómo los tranvías, los carros y los peatones se reparten la movilidad de la ciudad. En los años sesenta llega el coche, lo cambia todo y empieza a devorar espacios peatonales. El autobús, mucho más libre, dirán, hace desaparecer al tranvía en muchas ciudades. Llegan los interminables atascos, la insoportable contaminación y se pone en peligro el patrimonio cultural y, lo que es más importante, el modo de vida. Poco a poco y por “notre securité”, se acabará arrinconando a los ciclistas. Muchos años después, el viejo tranvía, ahora “de diseño”, se toma la revancha y vuelve a convertirse en el protagonista de la place de la Comédie, nuestra Puerta del Sol.

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Foto en http://www.montpellier-histoire.com/ JP Kempenar

Así, desde el año 2000, colegimos que el tranvía ha expulsado al coche del centro de Montpellier y ha obligado al automovilista a dejar el coche en el garaje o en los aparcamientos disuasorios favoreciendo la intermodalidad. También, que ha descolocado al ciclista, al que se había apartado años antes en beneficio del coche. A pesar del gran éxito del tranvía y de la excelente puntualidad del bus, sigue habiendo embotellamientos en el resto de la comuna ya que los franceses siguen adorando sus bagnoles para ir a los centros comerciales o a cualquier otro sitio. La dependencia del coche, ya forma parte de su ADN.

A su vez, el coche, en cascada, ha apartado y segregado al ciclista en la calzada mediante carriles bici, muchos de ellos bidireccionales, manteniendo su hegemonía habitual en dónde no había perdido cuota de movilidad por el tranvía. El ciclista, por fin, sobrevive, hay quien diría que medra con tanto carril, con gran destreza y adaptación al medio, a costa del peatón y atrincherado en los carriles bici. El peatón ha recuperado muchísimo espacio peatonal a costa del coche y lo ha perdido con el ciclista, pero, por el momento, lo acepta perfectamente.

Epílogo

Recuerdo una época en que cualquier carril bici o bicicleta híbrida me parecía el paraíso comparado con Madrid. Eran, a mis nublados ojos, síntomas de progreso. En mis primeras visitas a Montpellier, miraba a los jóvenes y viejos ciclistas locales, sin casco y sin culote, con envidia. Eran síntomas de urbanidad y seguridad. Entonces, quería parecerme a ellos porque el entorno por el que pedaleaba, de lunes a viernes, era hostil. Aspiraba a ser como ellos porque no tenía la preparación ni la perspectiva suficientes como para sacar conclusiones acerca de lo que estaba viendo. Ahora, las tengo.

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Empleados municipales en bicicleta! Hace más de 20 años.

*La reforma territorial de 2014 ha unido a las antiguas regiones de Languedoc-Rousillon, a la que pertenecía Montepellier, con la vecina Midi-Pyrénées.

*Montpellier Agglomeration, conocida coloquialmente como Agglo, se creó en el año 2001 y contaba con 38 comunas. Fue sustituida en 2014 por la Montpellier Méditerranée Métropole.

*Ante la confusión que pueden ocasionar las denominaciones francesas de las diferentes vías ciclistas y sus correspondencias, en adelante, utilizaré las españolas. Aunque, en este caso, sería más bien una pista-bici.

*El otro río se llama Mosson.

*Recientemente fallecía el primer ciclista por chocar con un tranvía de la línea 2, después de 16 años de la puesta en servicio.

por @deteibols.

A Marie.

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