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El coche es un depredador de espacios urbanos, humanos y animales. Ahora, anda okupando el túnel del Anillo que comunica la estación de Fuencarral con Las Tablas. Y gracias a la sospechosa eliminación de los bolardos, tolerada por instancias municipales, estamos en riesgo de ser atropellados. Cualquier ciclista o peatón puede encontrarse de bruces con un coche particular, con maquinaria pesada de servicios municipales o con un vehículo policial en veloz persecución de unos simples grafiteros. Parece como si el coche quisiera beneficiarse, y acabar, con la única ventaja de movilidad sostenible que tienen las bicicletas y los peatones para entrar y salir de este barrio-embudo. Y parece que nadie quiere mover un dedo para evitarlo. Os cuento todo el proceso. Y pido vuestra colaboración antes de que tengamos que lamentarlo.

Antes del Anillo

Antes del PAU de Las Tablas y sus urbanizaciones, la única finca de importancia que había en este espacio se llamaba Las Jarillas. De aquel paraíso junto a la civilización tan sólo quedó, por especulativas cuestiones que no vienen al caso, una “torre granero y palomar” construida en 1942 (*) y que todos los vecinos conocemos, restaurada, como El Palomar. El resto, salvo el barrio del Valdebeba, sin “s”, un pueblecito que sobrevive frente a La Vela del BBVA, eriales. Vicente Plaza Ansón, uno de los nietos del fundador de la finca, Bonifacio Plaza, y residente hasta finales de los noventa junto con otros familiares, me contó que el primer pleito que ganó su mujer, Laura, abogado como él, fue precisamente a causa del túnel que nos ocupa.

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El Palomar en Las Jarillas. Hacia 1998. Foto VP.

Para evitar el aislamiento que produjo la construcción de la estación y su muro de piedra, se trazaron dos túneles, norte y sur, que los foncarraleros utilizaban para ir a trabajar sus tierras al otro lado del término municipal y por el que pasaban, a pesar de su mal estado, algunos coches, incluido el todoterreno de Vicente. En cierta ocasión, uno de los lugareños le contó que un coche acababa de atropellar a su mula en el túnel, causándole pequeñas lesiones y dañando la carga que transportaba. Vicente, también abogado, le ofreció los servicios profesionales de su novel colega y esposa. El conductor accedió a resarcir el daño con cierta cantidad económica que no dejó, en absoluto, satisfecho al demandante. Se quejaba de que la mula había cogido miedo a volver a ser atropellada en el túnel y no había quien la hiciera pasar, teniendo que dar un rodeo enorme. El coche, había vencido al animal.

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Salida del túnel al futuro PAU de Las Tablas (VP). Hacia 1998

Con motivo de la construcción del Distrito “C” de Telefónica, muchos obreros y empleados hicieron uso del mencionado túnel para acceder, caminando o en bici, a su puesto de trabajo desde la estación de Cercanías. Para hacernos una idea del panorama que estos trabajadores se encontraban al amanecer y al atardecer por causa del abandono del pasadizo y de los yonquis que venían a abastecerse al Cerro de las Liebres, os propongo la visión de este fantasmagórico vídeo del año 2006. Y así de terrorífico fue hasta que Ruíz Gallardón se vino arriba y terminó el Anillo dando pedales en 2007. A partir de entonces, comenzamos a pasar vecinos y ciclistas con seguridad. Así, hasta que llegó el coche.

Con el Anillo.

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Año 2012. Los cuatro bolardos.

El Anillo Verde Ciclista, como senda ciclable que es, protegió a ciclistas y peatones de los coches colocando bolardos a la entrada y salida del túnel, y permitiendo tan sólo el acceso de vehículos de mantenimiento autorizados, principalmente barredoras que, por su estrechez, pasaban entre los pivotes. Poco a poco, esta infraestructura ideada como una instalación recreativa, comenzó a tomar un inesperado sentido como vía de comunicación efectiva frente al insufrible atasco y a la ineficacia de las conexiones del transporte público. Así, dejando en evidencia al coche, el túnel fue convirtiéndose en una solución de movilidad para cientos de trabajadores que, o bien venían en bici desde su casa o desde la estación de Cercanías, o llegaban, antes, caminando. Y no sólo eso, también se ha acabado convirtiendo en paso muy frecuentado por colegiales ciclistas que lo utilizan cada mañana para ir de Montecarmelo a Las Tablas, o viceversa.

Año 2014. Un bolardo menos.

Sin embargo, poco a poco, diría que ladinamente, fueron desapareciendo los bolardos de cada una de las entradas y Castilla se hizo ancha para los coches, que ya no se conformaban con aparcar en el trazado de la vía ciclista/peatonal: ahora, también circulaban. Como es natural, a este activista no se le escapó este golpe de estado a la movilidad sostenible, y reaccioné. Aquí os dejo un vídeo recopilatorio en el que podéis comprobar que tanto a vehículos policiales como a  municipales, incluso fuera del horario de trabajo, les viene muy bien el atajillo. He llegado a pensar que los mayores beneficiados son precisamente ellos y que los vehículos particulares no hacen más que aprovecharse de la barra libre que todos pagamos.

Año 2015. Barra libre.

En el mes de marzo de 2015, y después de publicitar el asunto sin mucho éxito entre el colectivo y los vecinos, me puse en contacto con el Ayuntamiento y con la Unidad de Policía Municipal del distrito para dar cuenta del riesgo que suponía este ilegal tránsito para las personas. Y si bien PM emitió un informe “favorable y con fotos”, según me comunicaron vía telefónica, para volver a colocarlos, desde la Dirección General de Zonas Verdes, Limpieza y Residuos dijeron en mayo que no era “viable la colocación de bolardos” (Ver respuesta). ¿Cuál es la verdadera razón por la que no se colocan? ¿Seguridad? ¿Comodidad? ¿Hay prevista otra solución técnica?

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Quizás la mejor solución para la seguridad de los ciclistas fuera no volver a ponerlos y colocar una barrera de apertura remota en la parte más alta, en la bifurcación antes de la bajada, y otra, a la salida por Las Tablas, con lo que se evitarían muchos golpeos y caídas contra tan férreas barreras. Sea cual sea la solución, ahora que llega el buen tiempo y aumenta la circulación de ciclistas y peatones, vuelvo a la carga. Quiero contar con vuestra ayuda y vuestro apoyo para exigir a las autoridades una intervención definitiva porque, lejos de disminuir el tránsito de coches y motos, el túnel y ese tramo se ha convertido en la casa de tócame Roque por efecto de la impunidad.

Espero que este artículo de denuncia sirva de una puñetera vez para acabar con el poder depredador del coche en esta zona de Madrid, y devuelva las alas a quien nunca debe perderlas por el bien común de la ciudadanía.

La bicicleta, por si quedaba alguna duda.

por @deteibols.

(*) Arquitecto, Pablo Salvador Elizondo.

Foto principal: Jose.

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