Pon una híbrida en tu vida

Tengo un vecino, aparentemente más de 60 años, con el que coincido, desde hace algo más de un mes, cada mañana en el garaje saliendo a trabajar, en bicicleta.

No sé si he influido algo en este señor porque me da la impresión de que antes coincidíamos menos, pero él iba en moto. También puede ser por prescripción médica. Digamos que me llama la atención porque días como estos, con viento, frío e incluso lluvia intermitente, sigue utilizando la bici. Incluso, puede que mi influencia haya llegado en la ropa que utiliza, porque estos últimos días he apreciado que ha cambiado de mochila por una más específica de ciclismo.

El caso es que me sorprende la elección de bicicleta para alguien que, creo, está empezando a aficionarse al ciclismo urbano. Lo «normal» es que la gente se decida por una MTB (generalmente esa que lleva años en el trastero sin uso), incluso, para esa edad, el recurso podría ser una bicicleta eléctrica por aquello de ayudar en las cuestas, no llegar sudando al trabajo, etcétera. Pero no, este vecino tiene una flamante bicicleta híbrida, de marca, con la que, el tramo que coincidimos, circula por la calzada (esto también creo que es influencia mía) a un ritmo que no tiene nada que envidiar a mi bicicleta clásica de carretera.

Versatilidad

Lo mejor de las bicicletas híbridas es su capacidad para circular en cualquier terreno y condición. Si yo sufro en lluvia por la poca evacuación de agua de las gomas de carretera y la poca superficie de contacto, el ancho de rueda de una híbrida le da un punto de más seguridad, además de poder montarle cubiertas con dibujo y mayor evacuación de agua.

Además, si un día una ruta me lleva por un camino de tierra, en mi flaca es un suplicio conservar el equilibrio y afrontar cualquier irregularidad en el terreno. ¡Y ni mencionar el miedo a pinchar! En una ocasión, volviendo de Ciudad Universitaria, en un tramo hasta el Anillo Verde Ciclista que era de tierra, pinché 2 veces seguidas. Tuve que recurrir a la amabilidad de otro ciclista para poder terminar mi ruta. Siempre recordaré el «hoy por tí, mañana por mí» cuando me ofrecí a pagarle la cámara que me prestó.

En una bicicleta híbrida apenas notas la diferencia entre asfalto y tierra e, incluso, puedes montar unas cubiertas con taco mixto si sabes que vas a recorrer caminos de tierra con cierta frecuencia.

Mecánica

En la mecánica, no tenemos apenas diferencias, lo que también es una ventaja, ya que no necesitas ningún componente específico para tu tipo de bicicleta. El mismo cassette de una MTB o de carretera te sirve, pedalier, pedales, platos, frenos de disco… Incluso con el mismo mantenimiento.

Tenemos opciones que, en función de nuestra elección nos acercarán más a la experiencia de una MTB o a una bicicleta de carretera. Montar una horquilla con suspensión delantera nos evitará sufrir con baches, pero también, una horquilla rígida nos dará firmeza y velocidad. Cuestión de gustos. Mi vecino, por ejemplo, monta una horquilla rígida, por lo que supongo no está atravesando ningún parque en su ruta al trabajo.

Comodidad

La postura en una híbrida es más parecida a la de una MTB, lo que evita forzar las cervicales tal y como nos pasa en una de carretera. Esto, para aquellos que no están acostumbrados a montar en bicicleta es básico.

¿Eres usuario de una bicicleta híbrida? Cuéntanos por qué elegiste este tipo de bici y ayuda a la comunidad con trucos y recomendaciones basados en tu experiencia.

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